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15 de Mayo del 2020

Las Alternativas del Presidente

Bajo las actuales circunstancias de recesión económica, el presidente López Obrador tiene uno de tres caminos a elegir.
Si el presidente Andrés Manuel López Obrador está instalado en la burbuja que se creó para resistir la crisis del Coronavirus y la debacle de los precios del petróleo, lo inmediato es evaluar las alternativas que tiene para enfrentarlas. Lo único cierto que existe hoy es que el inquilino de Palacio Nacional sabe que el gran quiebre económico que se avecina colocó en coma –si no es que muerto- el proyecto de la Cuarta Transformación. Y no será su falta de voluntad, sino la falta de recursos y las condiciones económicas del planeta las que definirán desde ahora si la recesión que viene durará tres, cuatro o cinco años. Para entonces ya estarán asomándose las elecciones presidenciales del 2024. Por eso bajo las actuales circunstancias, el Presidente López Obrador tiene uno de tres caminos a elegir. I.- Ser “Ernesto Zedillo II” Las reglas actuales del sistema económico global no dejan otra salida que hacer del gobierno y de sus capacidades financieras, el eje de la reactivación económica. Asumir deuda de los organismos internacionales para rescatar el empleo en pequeñas, medianas y grandes empresas, además de propiciar diferimientos fiscales. Eso es lo que todas las naciones están implementando. Nadie pide rescates a fondo perdido, sino préstamos reembolsables. Nadie pide cancelación de impuestos, solo diferimientos para sortear la crisis y conservar el empleo. Pero el presidente López Obrador tiene en su mente la fijación de lo que sucedió en 1996 con el Fobaproa, implementado en el gobierno de Ernesto Zedillo. Y no quiere volver a hipotecar a México por 20 años más. Por eso su rechazo a crecer hasta cinco puntos del PIB la deuda, asumiendo empréstitos del FMI y del Banco Mundial para transferirlos a los privados. Porque siente que no serán préstamos, que se irían a fondo perdido. El ala técnica del gabinete le advierte que sin un apego a la ortodoxia, el castigo sobre la economía nos llevará a una crisis más profunda. La baja de las calificadoras internacionales y la falta de respeto al Estado de Derecho se encargarán de recordárselo. Pero el mandatario no está dispuesto a ceder. Bajo la óptica presidencial, este escenario de ser lo que el visualiza como un “Ernesto Zedillo II” es muy poco probable, casi imposible. II.- Sepultar a los “Neoliberales” El presidente López Obrador tiene una asociación de tres conceptos: “privatizaciones”, “tráfico de influencias” y “corrupción” que, justa o injustamente, para él se encapsulan en un término llamado “neoliberalismo”. Por eso los reiterados ataques en sus Mañaneras. Porque está convencido que el modelo neoliberal transfirió riqueza de los pobres hacia los que más tienen, por la vía de la acumulación de concesiones públicas, como telecomunicaciones, minería, Banca y obra pública. El presidente López Obrador prefiere apostarle a un nuevo modelo que, aún con caída de los ingresos públicos, proteja a las clases marginadas. Sus asesores más radicales le aconsejan romper con los “neoliberales” y refugiarse en el pueblo, que será quien lo sostenga en el poder, aún sometiéndose a la revocación de mandato. El inquilino de Palacio Nacional sabe que la crisis lo alejará de las clases medias, medias altas y altas. Por eso va por las medias-medias, medias bajas y bajas. Porque está seguro que ahí está su patrimonio político. Sabe que la urgencia, si quiere salvar a la Cuarta Transformación, pasa por conservar el Congreso para Morena y sus aliados en el 2021. Por eso el deslinde inexplicable y absurdo de despreciar el PIB como la medida de crecimiento universal. Por eso la urgencia de crear un Índice de Bienestar que se acomode a la medida de sus ideas y de su realidad. Por eso la invocación de la espiritualidad para ser felices, alejándose de lo material. Porque no habrá dinero suficiente para que los mexicanos volvamos a la normalidad que disfrutábamos hasta febrero de 2020. Pero el costo de insistir en una estrategia así pasa por el choque frontal con la ortodoxia económica, la que el llama “neoliberal”, la que hoy se aceita con la operación no solo de poderes fácticos, sino de sus socios comerciales y sus inversionistas internacionales. Y pasar a ser un país más igualitario, pero más pobre. III.- Me Voy a “La Chingada” El mismo presidente López Obrador lo viene diciendo en La Mañanera. Si por cualquier razón él tendría que dejar la presidencia en diciembre de este año, se iría satisfecho porque ya reformó la Constitución para incluir los derechos de salud y bienestar para los que menos tienen. La fecha de diciembre no es casual. Ya habrán pasado dos años de su gobierno, no habría necesidad de convocar a elecciones y el relevo sería hacia un interinato morenista. Ebrard-Monreal-Delgado. Algunos dicen que el inquilino de Palacio Nacional debe estarse cuestionando si de verdad vale la pena hacerle frente a cuatro años de crisis y penurias en todos los frentes. El venía a transformar el sistema no a administrar el caos. Su salud le cobraría la factura. Bajo ese escenario mediría los efectos de la pandemia y la crisis petrolera para decidir su camino pasando diciembre. Quizás su mejor destino sea un tranquilo retiro en Palenque, en su rancho al que bautizó como “La Chingada”. Posible, sí, pero sin duda remota. Al final del día la decisión del camino terminará por confirmar cuál de todos le garantiza, en medio de la crisis, su mejor lugar en la Historia.