FACEBOOK

VISTAS
19 de Noviembre del 2018

La tormenta sin timón

Como un moderno Francisco I. Madero, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador busca sacudir al país de la dictadura neoporfirista que creó a lo largo de las últimas ocho décadas el amasiato entre la política y el capital
Cuando celebramos hoy el 108 aniversario de la Revolución Mexicana, y en la antesala de que se instale el primer gobierno de corte social en México, los aires lucen enrarecidos. Como un moderno Francisco I. Madero, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador busca sacudir al país de la dictadura neoporfirista que creó a lo largo de las últimas ocho décadas el amasiato entre la política y el capital. Pero al igual que Madero, el líder de la llamada Cuarta Transformación está sometido al fuego amigo y enemigo que se resiste a ceder un ápice los privilegios que arrebató a costa de sacrificar el bienestar de millones de mexicanos. Los olores de aquella traición del general Victoriano Huerta, que en una operación golpista segó la vida del presidente Madero, se pasean hoy en las mesas en donde domina la idolatría hacia el verde. El color del dinero y el color del olivo. Aún no asume el mando, pero López Obrador está sometido a presiones que en un intento por enfrentarlas o por esquivarlas, exhiben decisiones poco asertivas, incluso erráticas y sin duda indefendibles. Comienza a existir un consenso entre los simpatizantes y los adversarios. Y ese consenso es que no se vislumbra un rumbo claro. Que todo es ocurrencia e improvisación. Si la mafia no viene a ti, tu acércate a la mafia. Que se está cediendo ante los intereses de los adversarios y que se está claudicando a los principios que llevaron a 30 millones de mexicanos a votar por López Obrador. Que lo que sentía como un nuevo despertar podría terminar en otra dolorosa pesadilla que solo le confirme sus privilegios a los de siempre. Y que los pisoteados sean también… los de siempre. Lo mas lamentable es que, al menos hacia afuera, no se escuchan voces de sus hombres y mujeres mas cercanos que cuestionen o debatan de cara al pueblo lo que sucede. Y eso es peligroso. En su canción “Parábola de uno Mismo”, el cantautor Alberto Cortéz dice con profunda razón …. “Y uno sube, sube, sube, flotando como un globo en el espacio, los humos los confunde con las nubes, subestimando a todos los de abajo.” Eso es lo que parece estar sucediendo, al menos ópticamente, por un mal manejo de las formas, aunque el fondo sea correcto. Y también por un muy pobre proceso de comunicación. El consenso que se vive es el del desconcierto. Sería triste que por ese manejo desordenado en las velas del cambio, el naufragio fuera inevitable aún antes de hacerse del timón. Aquellos que están cerca del capitán están obligados a dar la voz de alerta, porque mientras el jefe del navío ve hacia el frente, la tarea de quienes lo acompañan en la travesía es completarle la visión del horizonte 360. Hoy la Cuarta Transformación luce a la deriva, cediendo el trazo de la ruta del cambio prometido a quienes desde siempre la boicotearon, la traicionaron y le apostaron a su fracaso. Como cuando Madero le confió en Huerta y le cedió el control de sus fuerzas armadas. La traición apareció. El presidente electo está obligado a entender que no se pueden sembrar tormentas, cuando no se tiene todavía el control del timón. Que no se puede sorprender ni a los adversarios, mucho menos a los aliados, con golpes que pongan en juego la estabilidad, el rumbo y el destino. Es cierto que la urgencia de la transformación es mucha, pero antes de hacerle frente a la tempestad hay que estar bien firme en el timón. Ni antes, ni después.