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08 de Abril del 2020

La República del Bajío

México puede terminar como un puñado de provincias autónomas -como Cataluña en España- quejándonos del favoritismo hacia la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Guerrero y Veracruz, con gobernadores amparados a la sombra de la República de la 4T.
La unidad se quiebra. El Pacto Nacional se pone en riesgo. La República se fragmenta. La pandemia del Coronavirus le está bajando las defensas a la Nación. Y a falta de un gran llamado a la unidad -dejando fuera radicalismos y confrontaciones- esas bajas defensas está infectando la vida republicana de México. Para muestra ahí está Jalisco, en donde desde hace semanas su gobernador ya no espera directrices federales tímidas. Y su empresariado promueve una declaratoria de independencia de sus cúpulas nacionales. Enrique Alfaro le hace frente a la Federación. Como gobernador ya no pide ayuda, solo facilidades para que le dejen importar las pruebas para detectar el Coronavirus, que le permitan conocer la gravedad del contagio en la entidad que gobierna. Jalisco las pagaría, no la federación. Pero lo bloquean, se desdeña la urgencia. Y el gobernador acusa que el jefe del manejo de la crisis sanitaria, Hugo López-Gatell, no le levanta ni el teléfono. Y en la línea de producción, la industrial y la agrícola, los empresarios de Jalisco también reclaman ser escuchados no solo por la federación, sino por sus líderes empresariales. No están de acuerdo con las posturas que asumía, hasta ayer, el CCE frente a un gobierno federal que desoía sus propuestas. Por eso denunciaron que la cúpula no los representa. Por eso dieron a conocer su propio consenso para un Pacto por la Estabilidad y el Empleo. No quieren esperar a ver cuándo les toque la tanda de la gira presidencial. Y el líder del CCE, cuestionado en principio, ya restauró ayer los puentes para sentarse a la mesa con los empresarios de #JaliscoSeEscucha. Para transitar hacia los acuerdos, Carlos Salazar admitió en su conferencia virtual de ayer que “nos cerraron las puertas”. Fue una abierta y franca alusión a sus infructuosos intentos de buscar que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador convocara un gran pacto nacional. Pero el autismo político y sanitario del gobierno de la Cuarta Transformación no lesiona solo a Jalisco. También se refleja en Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Querétaro o Guanajuato, entre otros. Por eso sus gobernadores están conformando bloques para atajar la emergencia. No ven un plan nacional. Los mandatarios de Jalisco, Querétaro y Guanajuato se aglutinan para sacar adelante su República del Bajío. Los de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila perfilan como su frente ante la pandemia la reinstauración del Nuevo Reino de León. Y Yucatán, Quintana Roo y Campeche buscarán defenderse con su República Peninsular del Caribe. Si el gobierno del presidente López Obrador no hace un urgente llamado a la unidad que se concrete en un pacto frente a la crisis sanitaria y económica que ya nos alcanzó, México se balcanizará, acabará como una nación tribalizada. Ya no existirá forma de invocar el Pacto Federal que garantiza la coordinación de los 32 estados. Se dañaría el tejido político y fiscal de la República. Acabaríamos entonces como un puñado de provincias autónomas -como Cataluña en España- quejándonos del favoritismo hacia la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Guerrero y Veracruz, con gobernadores amparados a la sombra de la República de la 4T. El drama de la crisis política ante el Coronavirus no es exclusiva de México. Decenas de gobernadores en los Estados Unidos le están reclamando airadamente al presidente Donald Trump la falta de apoyo de su gobierno frente a la emergencia. El conflicto diario entre Trump y el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, es ya de antología. Cada uno disputando la atención, las cifras y los reclamos, desde sus respectivas “mañaneras” diarias. Por eso el presidente López Obrador está obligado a recapacitar y enmendar su discurso, que hasta ahora carece de una palabra clave: unidad. El inquilino de Palacio Nacional debe de mostrar un trato igualitario y de respeto a los gobernadores del Pacto Federal. Ellos también merecen que en medio del drama de esta pandemia se les dé un saludo. Que no se les deje con la mano extendida. Ignorar la descoordinación nacional, que ya es viral, en donde el lema del gobierno federal frente a la pandemia es “sálvese el que pueda, cómo pueda”, sería políticamente muy peligroso para la unidad nacional. Nadie queremos una República del Bajío. Pero si nadie desde el gobierno de la Cuarta Transformación se decide a coordinar la urgencia en igualdad, para todos, el pacto federal estará a prueba. ¿Nos tendemos la mano?