FACEBOOK

VISTAS
25 de Octubre del 2019

La Primavera Digital

El sistema está en un punto de quiebre: Chile, Ecuador, España, Hong Kong, Líbano. La demanda de cambio exige nuevos modelos políticos, económicos y sociales. Tal como en el 68, pero con una diferencia: esta revolución también es digital.
Chile, Ecuador, España, Hong Kong, Bolivia y Líbano. En el Norte y en el Sur, en Oriente y Occidente. Con regímenes de derecha lo mismo que de izquierda. El mundo se convulsiona súbitamente en olas de violentas protestas que exigen un cambio de rumbo a los modelos político, económico y social. Los pesados aires de rebelión que se respiran, evocan aquellos del quiebre que se dio en 1968 en Checoslovaquia, en Francia o en México, con lo que aquellas generaciones todavía recordamos como la Primavera de Praga. Fue una oleada de manifestaciones que arrancaron con la invasión rusa a Checoslovaquia, que congeló las reformas de apertura y el cambio al modelo de apertura y que acabó por consumarse en 1989. Václav Havel y Milán Kundera son cosecha de aquella insoportable levedad del ser. Fue la sacudida en la Francia del puño cerrado con Charles De Gaulle, en donde los bajos salarios y el desempleo de más de medio millón de franceses desembocó en actos vandálicos que obligaron al toque de queda. Un intento por sofocar la rebeldía de estudiantes parisinos que en el Barrio Latino protestaban por la desigualdad social. Fue el arrebato histórico en el México del 2 de octubre en Tlatelolco, en el que murieron decenas de estudiantes abatidos por el Ejército mexicano, cuando buscaban nuevos espacios para reducir la desigualdad social y los desequilibrios del llamado Desarrollo Estabilizador. Echeverría optó por la represión. En una y otra latitud, la Primavera de Praga fue un antes y un después. También para los Estados Unidos que se confrontaba entre el racismo y el extremismo blanco, entre el Ku-Klux-Klan y las Panteras Negras, enmarcado ese radicalismo con los asesinatos de Martin Luther King y de Robert Kennedy. La juventud del planeta se convulsionaba en 1968 entre espasmos de justicia y libertad. Los Beatles en la India buscaban la espiritualidad perdida. El Ché Guevara y Sartre sembraban sus ideales en campos psicodélicos de amor y paz, con olores de marihuana y LSD. El Libro Rojo de Mao era entonces lo más leído en el planeta. Por eso es inevitable que los violentos disturbios de hoy evoquen aquella Primavera de Praga. Porque son las nuevas generaciones marginadas, que de nuevo salen violentas a reclamar en las calles el cambio de modelo. Menos corrupción, mejores salarios, menos Estado, mayor movilidad social, menos desigualdad. Similar al 68. Con una diferencia radical. Estas nuevas generaciones que se asoman en esta Primavera Digital tienen a su disposición nuevas y poderosas armas: las que les dan las tecnologías de la información. A diferencia de la generación del 68, los jóvenes de hoy tienen en sus teléfonos inteligentes, en las redes sociales y en los medios digitales, ventanas a todos esos mundos que les son ajenos e inalcanzables. Lo tienen claro porque palpan, así sea visualmente por Facebook, Google o Instagram, aquellas utopías sociales que por su condición económica les están vedadas, desde que nacen hasta que mueren. Saben en un click de distancia de la corrupción de sus políticos y empresarios, de las componendas de sus líderes sindicales, de la pobre calidad de liderazgo que campea en el planeta. Desde Trump en Estados Unidos, hasta Bolsonaro en Brasil, Piñera en Chile, pasando por Sánchez en España, Lenin en Ecuador o Johnson en Reino Unido, por citar algunos. El común denominador de las protestas es la exigencia de ponerle un hasta aquí al capitalismo rapaz, al que ignora las necesidades de las mayorías empobrecidas a costa de cumplir las exigencias del agotado modelo económico que avalan Wall Street, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. La extrema violencia desatada en Chile sorprende, no solo por lo inesperado, sino por la intensidad del enojo social y el inmenso daño al patrimonio urbano. Y desde la derecha y su abundancia, Piñera debió acusar el perdón para mitigar ese enojo social. Veremos. Pero esa violencia despertada en otras latitudes parece que será el signo de estos tiempos, en los que el cansancio social empieza a sobreponerse al hartazgo de las utilidades, lo mismo en un tweet que en las falsa, pero en ocasiones poderosas, fake news. Y si no estamos alerta, México podría no ser la excepción. Ya vimos los primeros destellos en el vandalismo de los encapuchados dañando edificios históricos, universitarios que secuestraron choferes y autobuses o a cientos de taxistas paralizando el quehacer de millones de capitalinos. No hay que perderla de vista, porque si no se afronta a tiempo, esta Primavera Digital amenaza con ser viral y de alcance global.