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24 de Abril del 2020

La otra República

Lo peor que podría pasarle al presidente López Obrador es que un día amaneciera lamentándose de que no vio venir esa Otra República porque se dedicó a gobernar desde su soledad, ignorando al resto.
Qué sucedería si cansados del mal trato que les da la Federación, un bloque de gobernadores decidiera romper el Pacto Federal. Qué sucedería si esos gobernadores llamaran a la integración de otra República, una nueva, cansados de que el presidente de la Nación los trate con desdén. O incluso ya ni los trate. Que sucedería si estos estados fueran Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Sonora, Baja California Norte, Baja California Sur, Jalisco y Guanajuato. No se rían que el debate es serio. Que significa que al mas puro estilo de Cataluña, en España, se gestara en México un movimiento separatista de aquellas entidades que se sienten explotadas, sojuzgadas y olvidadas por el gobierno federal. Como simple ejercicio para la imaginación, pero con cifras muy reales, estamos hablando de que esos 9 Estados producen 430 mil millones de dólares del PIB que en México acumula mil 200 billones de dólares. Es decir, en ellos se produce el 35 por ciento de la riqueza nacional. Es mucho o es poco. Bueno, si esos 9 Estados fueran una nueva República, su PIB sería mayor al de Noruega, Emiratos Árabes, Argentina, Irlanda, Israel o Hong Kong. O una y media veces la economía de Chile o el 180 por ciento de la del Perú. Nada, despreciable, verdad. Si vemos por población a esos 9 estados que hoy reclaman un trato mas justo de la Federación, sus 35 millones de habitantes sería el mismo tamaño que la población de Canadá, el 76 por ciento de la de España, el 60 por ciento de Italia o el 42 por ciento de Alemania. Su fuerza humana sería cuatro veces Suiza, o cuatro veces Austria, o cinco veces Hong Kong o siete veces Singapur. Y si nos vamos por territorio, la superficie de esos 9 Estados, que ronda en los 975 mil kilómetros cuadrados, sería equivalente al tamaño de Suecia, al 95 por ciento de España o al 52 por ciento de Francia. O para dimensionar mejor, serían una y media veces el tamaño de Japón, casi dos veces el tamaño de Alemania y poco mas de dos veces la superficie de Italia. ¿Muy buen tamaño, no? Lo curioso es que de acuerdo a su productividad y su población, si esos 9 Estados se convirtieran en La Otra República, el ingreso per cápita de sus habitantes se elevaría al instante entre un 20 y un 25 por ciento. Nada mal. Y no es que alentemos afanes separatistas, pero el gobierno de la Cuarta Transformación tendría que estar tomando mas en serio el reclamo de ese trato mas justo que demandan los gobernadores. No solo los cinco que promueven ese debate, sino muchos otros mas que podrían sumarse. Michoacán y Durango, por ejemplo. Lo primero que el presidente Andrés Manuel López Obrador tendría que hacer es mostrar menos desprecio y desdén a quienes desde sus entidades, con sus propios votos que los llevaron al poder, suscriben el Pacto Federal. Desde que se inició la pandemia en febrero, el inquilino de Los Pinos no se ha dignado a sostener una reunión en pleno con todos los gobernadores para escuchar sus necesidades. Para refrendar aunque sea en el discurso la existencia del pacto. Si ya es un drama que de cada peso que recaudes, la Federación te devuelva solo 17 centavos –como sucede por ejemplo con Nuevo León- como para qué encima de eso el que debe ser el jefe de la unidad de la República los ignore. Cuando hoy vuelvan a reunirse los gobernadores de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas en el Horno 3 del Parque Fundidora de Monterrey e intercambien puntos de vista con empresarios de todos los calibres, el tema de la inequidad fiscal y de la urgencia será clave. El presidente López Obrador tiene dos opciones. O se planta como el responsable que es de resguardar ese Pacto Federal y se sienta con los gobernadores, o continúa evadiendo su realidad para disfrutar de sus monólogos mañaneros con Lord Molécula. Lo peor que podría pasarle es que un día amaneciera lamentándose de que no vio venir esa Otra República porque se dedicó a gobernar desde su soledad, ignorando al resto.