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03 de Agosto del 2018

La neta, otra vez Slim

Carlos Slim, el empresario que abarca toda la economía nacional, tiene una idea para ahorrar mil millones de dólares en la construcción del NAICM
Una vez más Carlos Slim. Otra vez acaparando reflectores para proponer la solución a los grandes problemas nacionales. El hombre más acaudalado de México, ubicuo en telecomunicaciones, minería, energía, construcción y hasta en los desayunos de Sanborns, fue a España para celebrar el Día del Inversionista. Lo hizo en la sede de su constructora ibérica FCC (Fomento de Construcciones y Contratas) de la que es el accionista mayoritario y que participa en la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM). Cuestionado sobre posibles cambios a ese proyecto, Slim delineó algunas propuestas para mitigar las serias críticas sobre su elevado costo. El Ingeniero dijo que el proyecto actual del arquitecto británico Norman Foster eleva el costo, debido a que “pide materiales importados” y propuso cambiarlos a “materiales nacionales”. Y Slim advirtió que si fuera con materiales nacionales,  nos ahorraríamos entre 800 y mil millones de dólares. Nadie puede estar en desacuerdo con bajarle los costos a lo que ya se vislumbra será uno de los más costosos aeropuertos del planeta, en un país como México, en donde las carencias sociales son dramáticas. Pero el hecho de que el prestigiado arquitecto Norman Foster proponga “materiales importados”, es un asunto que le compete al yerno de Carlos Slim. Fue Fernando Romero a quien un “Comité Honorario de Expertos” del gobierno federal le otorgó -por Adjudicación Directa, sin concurso-  el proyecto del nuevo aeropuerto. El costo: mil 841 millones 753 mil 116 pesos. Fue el yerno de Slim quien buscó la sociedad con Norman Foster, por su experiencia en la construcción del moderno aeropuerto de Beijing, en China. Sin duda una obra maestra de la arquitectura. ¿Acaso no podía el Ingeniero compartirle su genial idea en un desayuno familiar a su yerno, para que en su oportunidad Foster evaluara el empleo de materiales nacionales? Pero lo que es todavía más preocupante. Si el arquitecto Romero buscó la sociedad con Foster, está claro que el nivel del proyecto sería con materiales especiales, con paneles,  estructuras y tecnologías de las que no se fabrican en México. Cuidado, no vaya a ser que la idea de Slim se convierta en otra pifia, como la que padecemos ahora los usuarios del malogrado aeropuerto de la Ciudad de México, construido apenas en el gobierno de Vicente Fox. Una obra edificada con lámina y cartón, con muy mexicanos pisos de linóleo, con un diseño de miles de diminutas ventanitas redondas que lo hacen casi imposible limpiar. Un “aeropuerto internacional” de vergüenza, con pobre iluminación, con climatización deficiente, con sanitarios insuficientes y pestilentes. Una obra deplorable, pero eso sí, con materiales muy nacionales. Quizás la explicación que podría empujar a Slim a bajar costos es que, después de su debate con el futuro presidente Andrés Manuel López Obrador, existe la posibilidad de que el NAIM sea concesionado al sector privado. Y ahí si que aprieta el zapato. No es lo mismo gastar el dinero del Erario, es decir, de nuestros impuestos, que sacar la chequera personal para recuperarlo lo antes posibles y convertirlo en negocio. Con el dinero público, mi yerno y su socio no tienen empacho en que se facturen “materiales importados”. Con el dinero de mi chequera, mejor le digo a mi yerno que le vayamos buscando “materiales nacionales”. Por cierto ¿alguien sabe de 800 millones de pesos “extras” que debió pagarle el gobierno a Romero y Foster por “anexos” al proyecto? Curiosamente es el equivalente al ahorro que ahora nos quiere vender el frugal Carlos Slim.