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11 de Junio del 2018

La Narco-elección

El asesinato de Fernando Purón, candidato del PRI a diputado en Coahuila y ex alcalde de Piedras Negras, ratifica lo que gritan más de 100 ejecuciones políticas
Van a perdonar aquellos que esperaban hoy el análisis de los videos del hermano de Barreiro aceptando el presunto financiamiento a manos llenas para Ricardo Anaya. Sin duda la súbita aparición de esas imágenes confesando crímenes de financiamiento serán un disparador  espontáneo u orquestado- que intentará modificar el desenlace de la elección presidencial. Pero mientras estamos distraídos con la secuela de la telenovela del candidato Por México al Frente, la auténtica batalla electoral del 2018 se libra en otro frente: el de las balas. El asesinato de Fernando Purón Johnston, candidato del PRI a la diputación federal por el primer distrito de Coahuila y ex alcalde de Piedras Negras, solo viene a ratificar lo que gritan más de 100 ejecuciones políticas en la actual campaña electoral: vivimos ya en un narco-estado. Los señores del crimen organizado ya encontraron en esas ejecuciones el camino para quitar a quienes amenazan sus intereses y para instalar a aquellos que les serán incondicionales en el respeto de sus territorios. Sin tantas balas, pero sí con mucha plata del financiamiento, ese narco-sistema se infiltró en las elecciones para renovar gobernador en Nuevo León en el 2015 y también en las eleccionesde Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo, Coahuila, Chihuahua y Durango en el 2016. No es casualidad que esos siete estados –con excepción de Coahuila- sean hoy aquellos en los que sus ex gobernadores encaran a la justicia por sus excesos. Los casos de los Duartes, Borge, Yarrington, Hernández y Medina, dan fe de lo que hablamos. Y no es casualidad que en esas entidades –a excepción de Coahuila- el PRI fue desplazado. Y con el cambio de partido volvieron los días de sangre y fuego. Vivimos sin duda una mudanza de cárteles, como resultado del desmantelamiento el poderoso Cártel de Sinaloa, diezmado desde que extraditaron a su líder Joaquín “El Chapo” Guzmán. Y aquellos cárteles desplazados que buscaban afanosamente reposicionarse o dar el golpe para instalarse hasta convertirse en el cártel favorito del sexenio, encontraron en la política su nuevo camino. No existe antecedente histórico en el México moderno de una elección presidencial con más de 100 candidatos ejecutados. Esos muertos no los tienen ni en Irak, Afganistán o Siria, en donde las guerras lo justificarían todo. Pero lo más lamentable es que el nivel de indignación social frente a esta afrenta del crimen organizado es infame. Tan pobre que por su silencio coquetea con la complicidad. ¿Qué dice de esto el INE, presunto garante de una elección pacífica y justa, al confirmar que el valor supremo del voto es reemplazado por la bala que asesina la democracia? ¿Por qué enmudecen también los líderes empresariales frente a esta oleada de asesinatos políticos, ellos que están mas preocupado por la posible llegada de un candidato al que no podrían someter a sus caprichos como élites, que por el cambio de las reglas del juego por reglas del fuego? ¿Y qué posicionamiento marcan los diputados y senadores, cuyas curules serán ocupadas en el próximo trienio o sexenio, no porque llegaron a ellas por la ruta del voto, sino por la descalificación de las balas? El presidente Enrique Peña Nieto tendría que salir a dar el ejemplo no solo con una condena más vigorosa, sino con una acción de autoridad que impida que las balas se instalen como el nuevo actor que suplante la democracia. No hacerlo a tiempo, contundentemente, será aceptar que avanzamos aceleradamente en la ruta del Estado fallido. Y que la instauración Narco-república Mexicana está a la vuelta de la esquina.