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16 de Enero del 2019

La Mañanera

Hoy los medios no ven en la conferencia mañanera del presidente la misma novedad que la primera vez, cuando Andrés Manuel estaba en la jefatura de Gobierno del DF. Y es que los mexicanos tenemos urgencia de un presidente y un gabinete descansados, con sus cinco sentidos puestos en las soluciones urgentes y que salgan a dar la cara cuando las circunstancias, de verdad, lo ameriten
Cuando Jaime “El Bronco” Rodríguez se hizo de la gubernatura de Nuevo León anunció que la ciudadanía estaría informada con una conferencia que daría todos los días. Quería marcar la diferencia de sus antecesores y comenzó por citar a su gabinete a las 7 de la mañana para salir a dar el reporte a medios a las 8 de la mañana. Eso le duró tres meses porque la gente se le cansó. Decidieron que para no levantarse tan temprano, la reunión de gabinete se cambiaba a las 8 y la conferencia se hacía a las 9. Lo hicieron por otras cuantas semanas, hasta que se diluyó. Hoy es una sorpresa que el dizque independiente gobernador de Nuevo León se digne a dar una conferencia de prensa formal, mucho menos plante cara a diario con su gabinete. Viene este cuento a colación, porque la conferencia de prensa diaria que está dando el presidente Andrés Manuel López Obrador está dando ya signos de cansancio. Y no es para menos. La Mañanera, como ya se le conoce a este informe diario de labores presidenciales, arranca a las siete de la mañana. Eso significa que una hora antes, a las 6, los secretarios relacionados con el área de seguridad o con el tema del día tienen que hacerse presentes en Palacio Nacional. Para que eso suceda, los ministros de Gobernación, Seguridad, Defensa y Marina, Pemex, Hacienda –dependiendo de donde viva cada uno- tienen que despertar al menos a las 5 de la mañana. Y si alguien no quiere pagar la factura del cansancio, eso significa que el presidente, Olga Sánchez Cordero, Alfonso Durazo, el General Luis Crescencio Sandoval y el Almirante José Rafael Ojeda –por lo menos- tienen que dormirse a las 9 de la noche para tener sus ocho horas de sueño. Por supuesto que como mexicanos se agradece que el presidente López Obrador quiera darnos su parte diario de cómo se va avanzando en los temas del día. Sobre todo cuando existen casos como el de la Guerra contra el Huachicol. Pero la pregunta más recurrente en estos días es ¿quién le va a aguantar ese ritmo de desmañanadas al presidente? Solo pasen lista a los rostros de los asistentes. Cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal, López Obrador inauguró entonces La Mañanera, que se significó como un sello de la casa. Apetura, información, cuestionamientos. Nada oculto. Las televisoras y las estaciones de radio de entonces –año 2000- cubrían de corridito la conferencia. Pero el tiempo erosionó la capacidad de asombro. La conferencia se volvió lugar común, dejó de ser noticia, hasta que el entonces Jefe de Gobierno las suspendió. Igual que le sucedió a El Bronco 15 años después en Nuevo León. Lo que intentamos decir es que más que un presidente y un gabinete mediáticos, desmañanados, sobre explotados en pantalla, de lo que los mexicanos tenemos urgencia es de un presidente y un gabinete descansados, con sus cinco sentidos puestos en las soluciones urgentes, que den su parte de guerra cuando las circunstancias de verdad lo ameriten. Como sucede hoy con el huachicol. Hoy los medios no ven en La Mañanera la misma novedad que le tenían a la que por primera vez se creó en la jefatura de Gobierno del DF. Y eso significa que no la transmiten en vivo. Si acaso en intervalos o si al reportero le llama la atención algo fuera de lugar. Sin demérito de la muy sana intención, el presidente López Obrador debe recapacitar sobre este ritual de cansancio, que en las televisiones de alta definición exhiben hasta el tamaño de las ojeras y hasta los bostezos en surround del gabinete. Es por su bien, por el de su equipo y al final del día para no desgastar ante los mexicanos una imagen que cuando aparezca en pantalla debe ser fresca y sorpresiva. Reflexionemos.