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18 de Diciembre del 2018

La mala leche

Por más que se intente disfrazar, está claro que existe una insana e incluso maquiavélica intención de golpear mediáticamente el debut del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Al menos tres casos reflejan que hay medios nacionales que están buscando la paja en el ojo de López Obrador, cuando jamás vieron la viga en el ojo de Peña Nieto
  1. Por más que se intente disfrazar, está claro que existe una insana e incluso maquiavélica intención de golpear mediáticamente el debut del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
La intención es sembrar entre los mexicanos la idea de que lo que se está haciendo en la llamada Cuarta Transformación es mentira, es un montaje que no cumple lo que promete. Y para muestra, tres ejemplos muy claros exhibidos ayer en tres medios de comunicación diferentes medios de alcance nacional.

CASO UNO

En su primera página el titular del diario reza: “Piden 53% más para publicidad”. Y el primer párrafo de la nota alerta que López Obrador propuso aumentar en un 53 por ciento el gasto en comunicación para 2019, en comparación con 2018. La partida de comunicación pasaría de 2 mil 338 millones de pesos a 3 mil 579 millones de pesos. Es decir, mil 240 millones de pesos más de un año a otro. Por supuesto que eso indigna a cualquiera. Morenistas mentirosos. Pero eso es falso. La misma nota del mismo diario, reconoce párrafos después, que el presupuesto para publicidad autorizado en 2017 de mil 447 millones de pesos y que el gasto real al final del año fue de 8 mil millones de pesos. ¿Si el gobierno anterior gastó en la realidad 8 mil millones de pesos anuales, cuánto son los 3 mil 579 millones de pesos autorizados para esta año? Pues es apenas el 44 por ciento del verdadero gasto anterior. La promesa de bajar el gasto en 50 por ciento sí se cumple, y con creces.

CASO DOS

En otro diario de circulación nacional, el titular advierte: “Le fallan las matemáticas a legisladores de Morena”. Y el comentario de la columna refiere que el líder de los senadores morenistas, Ricardo Monreal, señaló que los presupuestos del Senado y de la Cámara de Diputados serían un 25 por ciento menores al de otras legislaturas. Sin embargo, dice la información, al hacer las cuentas “solo se llegó a un recorte de 16 por ciento”. ¿Intente hacer un recorte del 16 por ciento en la nómina y los gastos de su empresa, o bájele la quincena en 16 por ciento al presupuesto de la noche a la mañana para que vea la reacción de la señora y de los hijos? La reducción del presupuesto a legisladores, aún topada en 16 por ciento, es un enorme logro. Pero al anunciar “fallas en las matemáticas de los morenistas”, lo hacen ver como algo maldito, una falla de la Cuarta Transformación.

CASO TRES

En un artículo de opinión de otro diario de circulación nacional se condenan –como debe ser- las agresiones al auto del jefe de comunicación social de la Suprema Corte por una turba que pensaba que en el vehículo iba uno de sus ministros. La justa censura a ese condenable acto de barbarie política extrema, se contamina cuando dice que la agresión “condensó lo que era desde días antes una ofensiva de opinión pública, encabezada por el Presidente, contra la negativa de los ministros a someterse a una decisión del Poder Ejecutivo en materia de salarios”. Y dos párrafos después reconoce que “al día siguiente el Presidente reprobó enérgicamente el hecho, sin emitir lo que a mi juicio hacia falta: una condena puntual”. ¿Cuál es la intención de regatearle a López Obrador el mérito de la condena al exhortar a los mexicanos a no cometer esos actos de barbarie? A juicio del autor, ¿eso no califica como “condena puntual”? ¿Por qué quien firmó ese texto no recordó que en el video de la agresión aparece como líder de la turba un personaje que a todas luces no es mexicano y cuyo perfil cuadra más con el de un globalifóbico, de los que se rentan para crear desorden y caos? Está claro que la llamada Cuarta Transformación puede tener muchos defectos y hay que cuestionarlos. Pero lo que es poco ético es que se está buscando la paja en el ojo de López Obrador, cuando jamás vieron la viga en el ojo de Peña Nieto. Eso es mala leche.