FACEBOOK

VISTAS
19 de Marzo del 2020

La lección de Trump

Si el presidente busca aprender lo que no se debe hacer frente a la pandemia del Coronavirus, que vea lo que le sucedió a su colega Donald Trump.
Dice el refrán que hay ocasiones tan difíciles, que es mejor aprender la lección en cabeza ajena. Y si el presidente Andrés Manuel López Obrador busca aprender lo que no se debe hacer frente a la pandemia del Coronavirus, que se asome a lo que le sucedió a su colega norteamericano Donald Trump. Todavía está a tiempo. El drama de la serie de malas decisiones del inquilino de la Casa Blanca fue documentada por el periodista David Leonhardt y publicada ayer en The New York Times. En esa columna de opinión se documenta que desde que se dio el primer caso en los Estados Unidos, el inquilino de la Casa Blanca fue en extremo desafiante y nada cauto. Su primera referencia es una entrevista televisiva, el 22 de enero en Davos. Se le cuestiona si tiene alguna preocupación sobre el Coronavirus y Trump respondió: “No. Para nada. Lo tenemos todo bajo control. Es una persona que viene de China y la tenemos bajo control. Todo va a estar bien”. Su respuesta se dio cuando el virus sacudía ya a China, Corea e Italia, en donde ya se aplicaban medidas drásticas para impedir su propagación. Pero Trump lo minimizó. Para finales de enero, en un artículo del Wall Street Journal, dos expertos en pandemias, Luciana Borio y Scott Gottlieb, y que fueron miembros de la administración Trump, lanzaron el grito de alerta. Los científicos dijeron que “si las autoridades no interrumpen la dispersión del virus pronto podrían verse infectados miles más en todo el planeta, alterando los viajes aéreos, estresando los sistemas de salud y reclamando mas vidas”. Pero advirtieron que todavía era tiempo de prevenir. Trump no escuchó y repetidamente le recordaba a los norteamericanos que “todo está bien”. El 30 de enero dijo en un discurso en Michigan que “Tenemos todo bajo control. Tenemos un pequeño problema en este país en este momento… cinco. Y esa gente se está recuperando exitosamente”. Se mantenía en negación. Pero a pesar de que la Organización Mundial de la Salud alertaba que el Coronavirus era ya un enorme problema de salud mundial, con casi ocho mil casos, Trump se rehusó a abrir los ojos. Y su razón tenía. Temía que si aceptaba la realidad que venía, la economía se sacudiría y en consecuencia peligraría su reelección. La inacción y la soberbia llevaron a Trump a decir en los primeros días de febrero que el problema se estaba ya alejando. Y en una entrevista con Fox News el 10 de febrero pronosticó que “para abril, en teoría, cuando el clima esté más caliente, el virus desparecería milagrosamente”. Todavía el 19 de febrero, ante la televisión de Phoenix, el presidente norteamericano dijo que creía que el numero de contagios mejoraría progresivamente, para volver a rematar cuatro días después con un “todo está bajo control”. Poco le importaba a Trump que para entonces el virus ya estuviera en 30 países con casi 80 mil infectados. Continuó con la negación del problema y criticó a CNN y a MSNBC por infundir pánico a los mercados, que para finales de febrero reflejaron la realidad: se desplomaban. Aún con esas señales, Trump dijo en febrero 26 que los números de infectados en Estados Unidos iban a la baja, no a la alza, pronosticando que el virus iba a desparecer, como milagro, anunciando falsamente que muy rápido vendría una vacuna. Para entonces ya eran 55 los países en crisis, con 85 mil casos reportados. Y llegó marzo con Trump todavía hundido en la negación. Ninguna alerta, ni para los adultos mayores. Insistía en que lo que pasaba era muy menor. “Se irá. Solo mantengan la calma. Se irá”. En el clímax de su ego, Trump se atrevió a decir que sabía tanto como los científicos. “La gente se sorprende de que entienda de esto. Todos los doctores me dicen “¿Cómo sabe usted tanto de esto? Quizá tengo una habilidad natural Quizá debó dedicarme a esto en lugar de postularme para presidente”. Pero el futuro alcanzó al sabelotodo. Y esta semana Trump debió aceptar la cruda realidad, bajar la cabeza y someterse a un script de terror: admitir que el Coronavirus tenía ya a Estados Unidos contra la pared. Ya nada estaba bien. Ordenó la suspensión de vuelos a Europa, el cierre de la NBA y otros deportes. Nueva York, la ciudad que nunca duerme, se postró en cama. Cerró Broadway, sus restaurantes y sus bares. Disney apagó sus juegos. Y el pánico se apoderó de una nación a la que durante semanas su presidente les juró que todo estaba bien. No estaría de más que el presidente López Obrador se asomara a ese espejo. Quizás algo pueda entender en cabeza ajena.