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20 de Enero del 2020

La “idiotez” del avión

Indigna que la crítica del avión presidencial recaiga en el presidente López Obrador, no en quienes despilfarraron 675 millones de dólares en favor de la élite política.
Apenas terminó la mañanera del viernes pasado cuando las redes sociales fueron inundadas con memes en alusión a la propuesta presidencial de hacer un sorteo de la Lotería Nacional para rifar el avión presidencial. La ocurrencia del presidente Andrés Manuel López Obrador de vender 6 millones de boletos o cachitos en 500 pesos cada uno desató un debate nacional. Las burlas dominaron e incluso calificaron la propuesta presidencial como una “perfecta idiotez” de quien no tiene los pies en la tierra. Pocos, sin embargo, entendieron el mensaje. Lo que exhibió el inquilino de Palacio Nacional no fue otra cosa que la imposibilidad de que en el mercado mundial de los mega aviones, alguien quiera comprar un Boeing 787-8 Dreamliner como el que hasta noviembre del 2018 utilizó 214 veces el presidente de México. Una aeronave que ningún mandatario en el mundo tiene, que costó 299 millones de dólares -218 del avión y 81 millones de decoración interior - y que hoy nadie se anima a comprar en 130 millones de dólares. Y aquí es donde viene el cuestionamiento de fondo. ¿En dónde está la verdadera “idiotez”? ¿En el presidente que en la desesperación de no poder vender el avión propone una salida locuaz con una rifa, o en el presidente que en su tiempo hizo la faraónica compra y que exhibió con ella los excesos de aquella monarquía democrática? El Boeing 787-8 Dreamliner fue el símbolo más evidente del amasiato entre el PRI y el PAN, que acabó creando esa entelequia política bautizada como PRIAN. Un presidente saliente, el panista Felipe Calderón, quien “generosamente” acepta pagar el costo político de la indignación nacional al comprarle a su sucesor, Enrique Peña Nieto, el mejor avión disponible en el mercado. Un avión que, dicho sea de paso, el comprador Calderón jamás usaría. Sin duda esa caprichosa adquisición fue uno de los múltiples acuerdos de la transición, en los que se pactó la impunidad de Peña Nieto hacia Calderón. Nada se escarbaría del pasado. Serían cómplices en todo. Hasta en la compra de la espectacular aeronave. Pero el avión presidencial es solo la punta del iceberg en el despilfarro de los sexenios calderonista y peñista en los que se gastaron entre 2006 y 2018 la increíble suma de 675 millones 750 mil dólares para adquirir nuevas aeronaves de la élite burocrática de México. Además del Boeing Dreamliner, en el gobierno de Calderón se compraron 5 helicópteros Cougar, con valor de 27.5 millones de dólares cada uno, más once aeronaves y otros cinco helicópteros más. En el gobierno de Peña Nieto, el derroche fue todavía mayor. Se compraron 21 aeronaves, incluyendo 16 aviones y cinco helicópteros. Solo en el 2014, en pleno auge del derroche presupuestal, se compraron 9 aviones que incluían un Challenger 605, un King Air 350R, un King Air 350i, un T-6C+, un Casa C 295W, un Gruob G150 y tres Gulf Stream 150, 450 y 550. Por eso duele que la indignación que exhiben los detractores de la Cuarta Transformación sea sobre el presidente López Obrador, quien busca –aún con soluciones que lucen absurdas como la rifa- quitarle a los mexicanos una deuda tan onerosa para dedicarla a fines sociales. Indigna que esa crítica feroz no vaya contra los dos presidentes que despilfarraron el costo de 8.5 millones de barriles de petróleo en comprarles aviones de lujo a la alta burocracia nacional. Con rifas, en remate o aún regalados, nadie puede regatearle al presidente López Obrador el mérito de buscar deshacerse de 71 aeronaves que hasta el 2018 sangraron con su uso abusivo las finanzas nacionales. Por eso la pregunta es pertinente. ¿Dónde están los memes indignantes de aquella compra idiota, firmada por Calderón y avalada por Peña Nieto?