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22 de Febrero del 2019

La Guardia será civil

La cordura y el buen juicio se apoderó de todos los que se sentaron a la mesa de las negociaciones de la Guardia Nacional, que será manejada por autoridades civiles
Y al final del cuento, los militares no serán los dueños de la Guardia Nacional. Lo que ayer se acordó fue una auténtica guardia civil, policial, manejada por autoridades civiles. La cordura y el buen juicio se apoderó de todos los que se sentaron a la mesa de las negociaciones. Y lo que se gestó luce satisfactorio para todos, aún para los que buscaban, aunque no lo lograran, que se modificara la Constitución y se le diera el mando a una Junta de Jefes de Estado Mayor. Por supuesto que en lo que se acaba de integrar esa Guardia Nacional, que demandará unos cinco años de preparativos y adiestramiento, el presidente tendrá el derecho de llamar a las fuerzas armadas para operar acciones concretas en respaldo a las tareas de seguridad. Pero las decisiones todas, operación y mando, serán de civiles, y recaerán en la Secretaría de Seguridad Nacional y en su titular Alfonso Durazo Montaño. La aprobación final de la legislación se dio contra todo pronóstico. Cuesta arriba se veía que entre opiniones tan encontradas pudiera redactarse una sola receta. Por eso hay que reconocer los méritos de quienes la cocinaron. Primero, al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien a pesar de insistir una y otra vez que el mando tendría que se militar, escuchó las distintas voces que lo convencieron de privilegiar la civilidad. Demostró que escucha. Segundo, al secretario Alfonso Durazo, quien con toda la paciencia no solo se sentó a dialogar su proyecto territorial en los diferentes frentes de la batalla legal, sino que aguantó estoico cuando ya se le facturaba por anticipado una gran derrota política y personal. Exhibió clase y ganó. Tercero, a los secretarios de la Defensa, el General Luis Cresencio Sandoval, y al de Marina, el Almirante José Rafael Ojeda, quienes comprendieron el riesgo de que fueran ellos los depositarios constitucionales de una tarea que modificaría radicalmente sus responsabilidades primarias. Mostraron juicio y cordura. Cuarto, una mención muy especial a Julio Scherer, quien en su calidad de Director Jurídico de la Presidencia le halló la cuadratura al círculo legal en las negociaciones y logró el respaldo del presidente, de los uniformados y de los bloques legislativos para afinar los cambios con los que finalmente se aprobó. Concretó y anotó. Quinto, a la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien tejió fino tanto en el Senado como en la Defensa, buscando limar las asperezas que amenazaban con boicotear un proyecto de tan buen propósito. Sexto, sin duda mérito extraordinario a Ricardo Monreal, Miguel Ángel Osorio Chong, Dante Delgado y Miguel Ángel Mancera, representantes de las distintas bancadas legislativas, que con sólidos argumentos acabaron por sumar a los morenistas a la idea de que lo mejor sería no modificar la Constitución y conservar la civilidad de la seguridad nacional. Operó el diálogo.