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19 de Febrero del 2019

La Estrategia Romo

La designación presidencial de Alfonso Romo como Coordinador del Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico es de suma importancia. El nuevo rol del empresario regiomontano es significarse como el brazo económico del actual gobierno, para trazar un plan con una estrategia definida, que como lo dijo él mismo en su discurso, convierta a México en un “paraíso de inversión”
Nadie en sus cinco sentidos pone en tela de duda que Alfonso Romo es el empresario mas cercano al presidente Andrés Manuel López Obrador. Su relación no es ni casual, ni improvisada. Comenzó sin que se conocieran, en el 2005, cuando el regiomontano firmó un artículo en la prensa nacional, censurando a quienes buscaban desaforar al entonces Jefe de Gobierno del DF. Pero no fue sino hasta el 2010 en que Dante Delgado los sentó a la mesa y la química fue tal, que su relación de amistad se fortaleció hasta entrar al círculo familiar. Romo fue promotor de López Obrador en la campaña presidencial 2012. Y es de sobra conocido el papel que el empresario jugó para lograr que sus díscolos colegas apoyaran –o al menos no boicotearan- el ascenso presidencial del llamado candidato de la izquierda. Aunque siempre negó su intención de ser integrante del Gabinete, la combinación del compromiso con el presidente electo y una promesa a los empresarios de que sería su interlocutor ante el nuevo gobierno, lo acabaron por instalar como Jefe de la Oficina de la Presidencia. Pero la decisión de cancelar el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México significó un elevado costo político para Romo. Sus malquerientes divulgaron que su relación con el presidente López Obrador había tocado fondo. Que lo habían engañado y que su capital político se esfumaba. El empresario regiomontano decidió bajar su perfil, salir menos a escena y arrastrar más el lápiz, para buscar no sólo entender la dinámica política de su amigo y ahora jefe, López Obrador, sino también trazar una ruta crítica para incentivar y atraer capitales. Por eso es importante la designación presidencial de Alfonso Romo como Coordinador del Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico. Porque significa no sólo un espaldarazo personal al amigo que se la jugó cuando la mayoría del gremio le daba la espalda a Morena y a su candidato. El nuevo rol del empresario regiomontano –sumado al que ya tiene- será no sólo restaurar la confianza erosionada por los desencuentros con el nuevo Aeropuerto, los bloqueos de la CNTE y el resurgimiento de las huelgas en Matamoros. Romo asumió el reto de significarse como el brazo económico del actual gobierno, para trazar un plan con una estrategia definida, que como lo dijo él mismo en su discurso, convierta a México en un “paraíso de inversión”. La promesa de lograr ese crecimiento con un clima de tranquilidad laboral y proyectos de largo alcance no será asunto menor, si se considera que existe un ala dentro del gobierno que ve en todo el empresariado una extensión de la llamada “mafia del poder”. Y en esto el presidente López Obrador jugará un papel crucial para moderar los ánimos, de uno y de otro lado, evitando que las confrontaciones internas saboteen lo mucho que se puede y debe hacer. Por lo pronto ver los rostros de Carlos Slim, Alberto Bailleres, Armando Garza Sada, Eduardo Tricio, Enrique Zambrano, María Asunción Aramburuzabala y Ricardo Salinas, entre los casi 600 asistentes, luce como un buen comienzo para resarcir las heridas de los primeros 75 días. Ojalá que bajo esta nueva oportunidad, que tiene una sólida estrategia y mayor alcance, los cables no vuelvan a cruzarse para acabar en desencantos como el que se vivieron con el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. El presidente Andrés Manuel López Obrador ya dijo no solo en el evento de Palacio Nacional en el que ungió a Romo, sino en la comida de relevo del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, que privilegiará el diálogo entre inversionistas para que México crezca y se multiplique. Confiemos.