1 de diciembre 2021

17 de noviembre 2021

¡Que alguien me explique!

La esposa de “El Mencho”

A solo tres días de la cumbre de los presidentes Joe Biden, Justin Trudeau y Andrés Manuel López Obrador, el gobierno de la Cuarta Transformación anunció una vez más la captura de la esposa del “Mencho”

Por Ramón Alberto Garza

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En mayo del 2018, en la agonía del sexenio de Enrique Peña Nieto y apenas unas semanas antes de la elección presidencial, el mundo del crimen organizado en México se sacudió con la detención de Rosalinda González Valencia.

La captura no era asunto menor. Se trataba no solo de la operadora financiera del Cártel Jalisco Nueva Generación, sino de la esposa de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el Jefe de Jefes de esa nueva y poderosa organización criminal.

Integrante de la familia de “Los Cuinis”, la esposa del “Mencho” fue acusada de delincuencia organizada y lavado de dinero a través de 73 empresas en las que manejó más de mil millones de pesos.

La sorpresa era que el Cártel Jalisco Nueva Generación se había instalado como el favorito del sexenio peñista. Y enviar a prisión a la esposa de su capo mayor era declarar una guerra abierta de consecuencias impredecibles.

Pero poco duró aquella captura. A los tres meses de detenida, Rosalinda González Valencia fue puesta en libertad con el pago de una fianza de apenas 1.5 millones de pesos. El amago de una narco-guerra se abortó.

Pues ayer martes, a solo tres días de la cumbre de los presidentes Joe Biden, Justin Trudeau y Andrés Manuel López Obrador, el gobierno de la Cuarta Transformación anunció una vez más la captura de la esposa del “Mencho”.

Es una ofrenda de buena voluntad que busca acallar en Washington las voces de los servicios de inteligencia norteamericanos, que le reclaman al gobierno de México su inacción frente a la delincuencia organizada.

Pero esa detención consumada el pasado lunes 15 no vino por generación espontánea. Es más bien una secuela natural de la extradición, desde Brasil hacia los Estados Unidos, de otro integrante del clan de “Los Cuinis”, identificados como los operadores de la lavandería de los dineros del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Se trata nada menos que de José González Valencia, conocido en el mundo criminal como “La Chepa”, “Camarón” y “Santry”.

Este hermano de Rosalinda -y por ende cuñado del “Mencho”- fue extraditado a los Estados Unidos apenas el pasado 10 de noviembre, cinco días antes de la detención de su hermana.

“La Chepa” enfrentará allá el veredicto de un Gran Jurado, bajo los cargos de conspiración en el tráfico de grandes cantidades de droga hacia territorio norteamericano.

Pero la extradición y la detención de los hermanos González Valencia, cuñado y esposa de Nemesio Oseguera Cervantes, tampoco se antojan casuales.

Ambas acciones se dieron apenas un mes y medio después de que el fiscal mexicano, Alejandro Gertz Manero, viajara a Washington para sostener un encuentro de alto nivel con el fiscal norteamericano Merrick B. Garland.

En esa reunión pasó inadvertida para los medios la presencia de Anne Milgram, la directora de la DEA, quien no fue reportada como asistente al cónclave de los fiscales.

Pero fue ella misma la que se encargó de enmendar la falta, porque en conferencia de prensa un día después del encuentro entre Gertz Manero y Garland, la señora Milgram hizo notar no solo su participación, sino las exigencias que se le plantearon al fiscal mexicano.

Y esa agenda incluyó la demanda de reinstalar las operaciones conjuntas entre agentes de la DEA y policías mexicanos, acelerar los procesos de extradición pendientes y, sobre todo, facilitar a los analistas de la DEA la entrega de inteligencia y evidencia levantada por México.

Bajo este esquema de exigencias, no sería descabellado que el gobierno norteamericano demandara la extradición de la esposa del “Mencho”, para que vaya a hacerle compañía a su hermano José, frente al juicio que ya le tienen programado. Las acusaciones para ambos son las mismas, dentro de la misma organización criminal.

Para México, sin embargo, la fatalidad que cae sobre “Los Cuinis” y la resaca que eso traerá con las reacciones del Cártel Jalisco Nueva Generación son la antesala de un reacomodo violento de lo que, por negligencia, se dejó hacer y se dejó pasar.

Y es cuando vienen las preguntas obligadas. ¿Para la esposa del “Mencho”, la cárcel tras su detención; y para el hijo del “Chapo” la libertad tras su captura?

¿Para Jalisco Nueva Generación los balazos y para el Cártel de Sinaloa los abrazos?

¿En dónde están las fronteras entre la tolerancia y el combate al crimen organizado, cuando solo una organización criminal es sacudida, mientras que la otra se percibe protegida?

Cuentan que cuando Rosalinda González Valencia fue detenida en mayo del 2018, su esposo Nemesio Oseguera Cervantes envió un amenazante mensaje a través del entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. O le liberaban a su esposa, o se pagarían con sangre las consecuencias. Y fue liberada.

Lo mejor que hoy puede hacer el gobierno mexicano es acelerar la extradición de la esposa del “Mencho”. Pero, sobre todo, mostrar con otras capturas que la lucha contra los cárteles no se detiene en Zapopan… que también alcanza las fronteras del tan visitado Badiraguato.

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