21 de mayo 2022

15 de febrero 2021

¡Que alguien me explique!

La decadencia del Imperio

La votación del Senado norteamericano que salvó a Donald Trump del impeachment es la última expresión de la decadencia del último Gran Imperio de Occidente

Por Ramón Alberto Garza

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La votación del Senado norteamericano que salvó a Donald Trump del impeachment es la última expresión de la decadencia del último Gran Imperio de Occidente.

Estados Unidos se desliza por el tobogán del descrédito, para continuar escribiendo la destrucción de un destino que ya no es digno ni ejemplar.

Y al igual que sucedió con la caída del Imperio Romano, la acumulación de radicalismos, la pérdida de la moral pública, la entronización de ególatras y desquiciados, el choque de razas y religiones, así como la manipulación de la economía -en particular de la moneda- acabarán por sucumbir el esplendor norteamericano.

Porque cuando una sociedad es incapaz de distinguir entre el bien y el mal, entre lo claro y lo oscuro, entre la decencia y la indecencia, entre la cordura y la sinrazón, sus días están contados. Su caída es inevitable.

El mundo entero testificó cómo desde la presidencia de la nación todavía más poderosa del planeta, Donald Trump pasó de ser el Comandante en Jefe, a ser el Incitador en Jefe.

Las hordas de supremacistas a las que enardeció con la mentira del fraude electoral renegaron de las instituciones y la incitación presidencial los envió a secuestrar violentamente el Capitolio, la sede del poder legislativo norteamericano.

Como un moderno Nerón, el incendiario discurso de Trump suplió el toque de la lira para acompañar con sus notas de odio el asalto de sus extremistas, que transgredieron el símbolo más occidental de la democracia.

Y mientras el ataque era perpetrado y los legisladores huían despavoridos para salvar sus vidas de la abierta agresión, el silencio presidencial lo confirmaba como el Incitador en Jefe.

Pero nada de esta pesadilla fue suficiente para convencer a 43 de los 50 senadores del Partido Republicano a votar a favor de una condena que le impediría a Trump repetir su rol de Calígula del Siglo XXI. Sin el impeachment a cuestas, puede volver a aspirar a la presidencia en el 2024.

¿Existe mayor decadencia en una sociedad que sus prohombres cobijados en el Senado ignoren los hechos y le perdonen la vida, a quien abusando de su púlpito presidencial, intentó asestar un golpe mortal a la democracia?

Para lograr el impeachment hacían falta 67 de los 100 votos  que hay en el Senado para condenar a Donald Trump. 

Cincuenta demócratas alzaron su mano a favor y solo siete republicanos se sumaron a la condena. Los restantes 43 dieron con su voto el aval al golpismo exacerbado por el discurso presidencial del pasado 6 de enero.

Pero el Senado norteamericano exhibe con toda claridad la profunda división de la nación. Cincuenta senadores son demócratas y 50 republicanos.

Y ese extremismo desbordado solo conduce a la defensa a ultranza, no de los principios, sino de los intereses de quienes luchan por entronizarse en el poder. La ingobernabilidad se instala. Aún lo que es evidente, cómo el rol instigador del presidente Trump en el asalto al Capitolio, se silencia, se calla o incluso se premia con el perdón.

Si los 43 senadores republicanos aceptaron por intereses defender a su correligionario Trump, está claro que no se le puede exigir a los 330 millones de norteamericanos que distingan entre el bien y el mal. La realidad ya no es lo que se ve.

Y cuando la suprema institución garante de una democracia falla de una forma tan brutal, ignorando la realidad y condescendiendo con un delincuente, el futuro de esa sociedad peligra.

Conocemos de sobra el ego del Incitador en Jefe. Es el único presidente en la historia que ha enfrentado dos juicios de impeachment. Y en los dos fue defendido a ultranza por la irracionalidad republicana. Estados Unidos pagará un elevado precio. La factura de la complicidad los alcanzará tarde o temprano.

Desde los greens del club de golf de Mar-a-Lago, Donald Trump prepara a partir de hoy su regreso a la Casa Blanca. Lo volverá a intentar o enviará a su hija Ivanka para desafiar a Kamala Harris.

Y aquellos que tenían esperanzas de que la derrota electoral y el segundo intento de impeachment devolvieran la cordura y le restituyeran la dignidad al imperio, se equivocaron. La decadencia continúa su marcha.

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