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14 de Febrero del 2020

De la charola al cachito

Con los antecedentes de Carlos Salinas y Vicente Fox, la petición del presidente Andrés Manuel López Obrador para que algunos empresarios adquieran en bloque boletos para la rifa del avión presidencial pretendió ser colocada en esa zona del “chantaje” y del “quid pro quo”. Pero existe una diferencia sustancial: el beneficio será público, no privado.
En noviembre de 1993, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari asistió a una cena convocada por el banquero Roberto Hernánez y el empresario Miguel Alemán en la residencia de don Antonio Ortiz Mena. Al evento fueron convocados los más prominentes empresarios de México, a quienes ya en el postre, y tomando la palabra el presidente del PRI, Fernando Ortiz Arana, se les pasó la charola para crear un fondo de apoyo para la campaña presidencial tricolor de 1994. Lo recaudado –que alcanzó la nada despreciable suma de 26 millones de dólares- sería puesto a disposición de Luis Donaldo Colosio, para que el candidato no arrancara su campaña en ceros. Solo la indiscreción de uno de los asistentes logró que el periodista Francisco Barradas revelara en el diario El Economista los detalles de aquel cóncalve de beneficarios, en su mayoría, de las privatizaciones del sexenio orgullosamente neoliberal. Para todo fin práctico, los capitanes de empresa congregados en torno a aquella mesa estaban pagando, sin hacer gestos, su derecho de pernocta con el poder político en turno. Nadie, entonces, hizo escándalo ni pucheros. Y aunque fuera una aportación voluntaria, disparada por la generosidad inicial de Emilio “El Tigre” Azcárraga, quien definiéndose como “soldado del presidente” puso los primeros millones sobre la mesa, el episodio político-financiero cayó en el olvido. El dinero fue a dar a la campaña de Ernesto Zedillo. Dos sexenios después, la primera dama Marta Fox haría del pase de charola un lugar común para todas sus presuntas obras de caridad y para ese fondo financiero personal llamado ¡Vamos México! Un fondo que por los oscuros destinos de los dineros aportados acabó rebautizado como ¡Vamos Marta! Todavía se recuerdan las mesas de 100 mil dólares para el concierto de Elton John que les fueron endosadas de manera “voluntaria” a decenas de empresarios que las compraron porque no querían que se les cerraran las puertas de Los Pinos. Con esos antecedentes, la petición del presidente Andrés Manuel López Obrador para que algunos empresarios adquieran en bloque boletos para la rifa del avión presidencial pretendió ser colocada en esa zona del “chantaje” y del “quid pro quo”. Pero existe una diferencia sustancial. El pase de charolas para la campaña presidencial del 94 tenía como beneficiario no a la democracia, sino a un partido político, el del presidente en turno que asistía a la cena: el PRI La compra “voluntaria” de mesas para un concierto en el año 2000, acabó beneficiando los bolsillos para satisfacer los caprichos personales de la primera dama, quien fue severamente cuestionada por lo oscuro de su destino. La siembra de “cachitos” de lotería en la cena del miércoles por la noche en el Palacio Nacional tiene un destino claro, filantrópico, que es el bienestar social, no el beneficio partidista o personal de quien solicita los dineros. Mas aún, no se trata de ningún donativo. La intención es que los empresarios que compraron esos cachitos los puedan colocar entre sus empleados o proveedores. Si los disperan correctamente recuperarán el dinero que les costaron. Pero los adversarios del gobierno de la Cuarta Transformación insisten en vender como “chantaje” lo que es una aportación voluntaria que tiene cuota de recuperación. De hecho, de los 180 empresarios que asistieron a la cena de los cachitos de Lotería, de tamales de chipilín con chocolate, se estima que serían apenas unos 80 los que depositaron su compromiso firmado en la urna de la Lotería Nacional. Y ni de qué quejarse. Algunos de los mas prominetes compradores de esos “cachitos” fueron también asistentes al pase de charola en el 94 y le compraron sus mesas a doña Marta Fox en el 2000. Menos muecas, por favor.