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19 de Agosto del 2019

El juego de la recesión

Donald Trump tiene genes de casinero. Mientras el Presidente estadounidense lleva a la economía global hacia una recesión, él y sus socios toman ventaja de la información privilegiada para hacer negocios al amparo del poder.
    Las finanzas del mundo están hoy prendidas con alfileres. Y algunos políticos y financieros comienzan a jugar con quitar esos alfileres, acercándonos al fantasma de la recesión.   El primero de ellos es un personaje que viene del mundo de las finanzas, donde cazaba oportunidades, tomaba posiciones inmobiliarias e incluso impulsaba en sus casinos las riesgosas apuestas en los juegos de azar.    Ese hombre hoy despacha en la Casa Blanca, tiene genes de  casinero, se llama Donald Trump, y tiene el poder suficiente para aplicar a capricho políticas que sacudan a los mercados internacionales.   Desde el epicentro de poder más relevante del mundo, sus medidas arbitrarias, anti libre comercio, tiene la capacidad de derribar los mercados de valores, orillar a la Reserva Federal a inducir correcciones monetarias y empujar a otras naciones a devaluar sus monedas.   Ya lo hizo en su momento con México, cuando amenazó con aplicar tarifas a las exportaciones aztecas a los Estados Unidos si nuestro país no reducía los flujos migratorios de centroamericanos hacia la frontera norte.   La Bolsa Mexicana de Valores se sacudió, la cotización del peso sufrió serios embates, los inversionistas frenaron sus proyecciones. Y cuando él lo decidió, levantó las sanciones, los mercados se corrigieron, dio plazos y alguien ganó.   Ahora le toca el turno a China, a quien el inquilino de la Casa Blanca le declaró la guerra comercial sobre las importaciones de 476 mil millones de dólares de mercancías que los orientales le venden a los norteamericanos.   Es una decisión unilateral, como la que le aplicó a México. Con la variante de que el efecto sobre la economía china es dos y hasta tres veces mayor a la mexicana. Si el sacudimiento azteca levantó olas, el chino amenaza con un tsunami global.   La ventaja es que en medio de las debilidades cíclicas de los mercados, el presidente norteamericano tiene la influencia suficiente para generar intranquilidad con el poder que le da un tuitazo.   El gran negociador -como se autonombra- o el gran provocador -como ya se le conoce-, juega burdo y le saca provecho a la incertidumbre, generando todavía mayor incertidumbre con sus erráticas decisiones que van contra la lógica y operan a contracorriente del libre mercado.   Y mientras que por un lado presume el crecimiento económico sólido arriba del 3 por ciento y el desempleo mas bajo en 14 años, el presidente Trump se cuida de no recordar que este año la economía norteamericana dependerá de que le presten -por primera vez en su historia- un trillón de dólares para financiar el déficit fiscal.   El inquilino de la Casa Blanca no quiere aceptar que sus políticas de recortes fiscales a los que más tienen fueron insuficientes para reactivar la economía y el consumo.    Y ante la amenaza del creciente déficit comercial con México, China y Canadá –casi inmunes a sus amenazas- usa los impuestos compensatorios y los aranceles como espada de Damocles.   Como quien tira los dados en una mesa de juego, el presidente Trump alardea que va en pos del equilibrio, pero lo cierto es que el déficit comercial con México crece. Y lo mismo sucede con China.   Sabe que no puede aplicar de la noche a la mañana los aranceles del 25 por ciento a las importaciones chinas porque miles de líneas de producción de manufacturas y tecnologías que se producen en Estados Unidos se colapsarían. Pero juega a blofear.   Y aprovecha que los inversionistas lo creen capaz de todo para desestabilizar con una declaración absurda o un tuitazo el índice al índice de la bolsas chinas.   Lo hace sabiendo que China vive una fragilidad política frente a las protestas populares en Hong Kong que oscurecen el panorama de estabilidad. Y por eso Trump le atiza gasolina al fuego.    Como buen cascador financiero, aprovecha la semana de inestabilidad, vendiendo en los picos, comprando en los valles, algunos de los cuales él mismo crea.    Al final del día es el todopoderoso que decide a contracorriente de economistas, banqueros, financieros e inversionistas, qué es lo que mejor conviene.   Y frente a las severas fluctuaciones de los mercados, millones de pequeños asustadizos se empobrecen cuando salen a vender para salvar sus fondos de inversión o de pensiones, mientras que unos pocos que tienen línea con el dueño del casino conocen o tienen por anticipado las jugadas.   Ese es el peligro de tener a un hombre con genes de casinero en la cima del poder global. Al final del día acaba aprovechando la inestabilidad de algunas variables y acaba  jugando con los mercados…. igual que alguna vez confesó que jugaba con las partes íntimas de sus presas femeninas.