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26 de Noviembre del 2018

Juárez Vs. Vidaurri

En el despertar de la Cuarta Transformación se da ya el primer encontronazo entre Andrés Manuel López Obrador y algunos gobernadores

Uno de los enfrentamientos políticos más frontales que sostuvo Benito Juárez –el jefe de la Primera Transformación- fue con el gobernador de Nuevo León, Santiago Vidaurri.

En medio de la intervención francesa en 1864, el presidente Juárez huía con la República bajo el brazo, pidiendo refugio y apoyo al Estado al que su caravana llegaba. Pero en Nuevo León la historia fue distinta.

Después de despachar desde San Luis Potosí y luego desde Saltillo, el presidente Juárez entró en Monterrey para encontrarse, no con el apoyo nacionalista que esperaba, sino con una oposición política feroz.

El gobernador Vidaurri, simpatizante de las fuerzas francesas imperiales, le regateó al gobierno itinerante los dineros recaudados en las aduanas nuevoleonesas, lo que le permitiría al presidente Juárez continuar su gobierno y su caravana.

El desenlace fue de escándalo. Indalecio, el hijo del gobernador Vidaurri, fue enviado a dar la negativa y con una turba armada acabó disparando contra la caravana que salió huyendo para proteger la vida del presidente Juárez.

El Benemérito declaró la guerra a Nuevo León, derrotó al gobernador Vidaurri, le quitó las aduanas al Estado y el mandatario estatal -que alcanzó a ser el ministro de Hacienda en la intervención francesa- acabó fusilado por la espalda, como traidor, en la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México.

Viene este recuento histórico a colación, porque en el despertar de la Cuarta Transformación se da ya el primer encontronazo entre el jefe político nacional Andrés Manuel López Obrador y algunos gobernadores.

De fondo, el presidente electo que tomará posesión en cinco días, tiene un punto a su favor. Después de ver los escandalosos desfalcos de las arcas estatales consumadas por media docena de gobernadores del PRIAN, es urgente ponerles controles a quienes se constituyeron en Virreyes.

De forma, sin embargo, la creación de la figura de delegados está despertando la animadversión no solo en los gobernadores, sino de muchos sectores políticos y empresariales que ven en esa posición a un gobernador alterno, que tendrá bajo su tutela la chequera federal e incluso la palabra final en algunos asuntos de seguridad.

El problema de fondo es que la selección de esos delegados no es la mejor. Los elegidos son casi en su totalidad militantes morenistas, en muchos casos candidatos perdedores frente a los gobernadores electos democráticamente, como sucede en entidades tan cruciales como Estado de México y Jalisco.

Si el asunto fuera exclusivamente vigilar la justa aplicación de los recursos federales, el presidente electo podría haber convocado a la selección de 32 expertos en finanzas, que con conocimiento de causa se avocaran a cuidar cada peso que se asignara a los programas estatales.

Pero al habilitar a políticos que perdieron su elección, lo que se propiciará será -sin duda- una ruptura política.

Se creará con esos delegados una casta morenista que –al igual que sucedió en el pasado priista y panista que critican- podrían usar sus delegaciones para repartir favores y hacer campaña personal rumbo a las próximas elecciones.

Por eso gobernadores como el jalisciense Enrique Alfaro, o como el chihuahuense, Javier Corral ya alzaron la voz y entraron en franca rebelión.

Porque con la nueva figura de Comendador de la Cuarta Transformación sienten que se violenta el Pacto Federal y se instala una autoridad superior por encima de la democráticamente electa.

Y para enturbiar más el ambiente, morenistas como el senador Félix Salgado Macedonio amenazan ya con desparecer los poderes en los Estados que desacaten las decisiones del gobierno federal y desconozcan a los nuevos delegados.

¿Arrancaremos la Cuarta Transformación con un encontronazo entre el presidente López Obrador y media docena de gobernadores? ¿Tendremos que ir preparando la Plaza de Santo Domingo?