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27 de Mayo del 2019

Josefa y el mal ambiente

La renuncia de Josefa González Blanco a la Semarnat es una nueva señal de alerta para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que se suma a la salida de Germán Martinez como director del IMSS y a la filtración de una lista parcial y sesgada de periodistas que recibían dinero público. La 4T vivió su peor semana desde que asumió el poder
Un mal ambiente se respira en el gobierno de la Cuarta Transformación. En menos de siete días se enredó la madeja. La renuncia del director del Seguro Social, la exhibición parcial y sesgada de una lista de periodistas acusados de recibir dinero del gobierno de Enrique Peña Nieto y la renuncia de la Secretaria del Medio Ambiente, enmarcaron la peor semana para el presidente Andrés Manuel López Obrador en los primeros seis meses de su gobierno. El último escándalo es el de la salida de Josefa González- Blanco, quien abusando de su investidura se atrevió a pedirle a un alto directivo de Aeroméxico que retrasara un vuelo a Mexicali al que ella no logró abordar por retraso. ¿Habrá también castigo para la aerolínea, el aeropuerto y su directivo por violentar las normas aeronáuticas internacionales al cumplir un capricho a costa del perjuicio que causó el retraso? La ahora ex secretaria del Medio Ambiente es una mujer respetable y por dignidad de lo que muy tarde reflexionó que era una arbitrariedad, puso sobre la mesa su renuncia. Y en congruencia con la promesa de que en este gobierno no se tolerarían abusos de autoridad, el presidente López Obrador la aceptó. Si la secretaria no la hubiera presentado, sin duda se la habrían pedido. Pero sobran los que advierten que la renuncia le vino como anillo al dedo a la funcionaria, porque ya venía arrastrando una serie de desencuentros personales con el presidente y algunos miembros del gabinete. La ex secretaria del Medio Ambiente tenía serias diferencias con los proyectos de la refinería de Dos Bocas y con el Tren Maya. En el caso de Dos Bocas a todas luces se viene desdibujando un proyecto sin la evaluación completa de su impacto ambiental, en donde se desmontaron 300 hectáreas aún antes de que se dijera si el proyecto era viable o no. Y hacia el mismo destino se enfila el Tren Maya, del que ya se anuncian inversiones y proyectos concretos sin que se haya terminado los estudios de lo que significará para esa majestuosa selva mexicana. Josefa González-Blanco venía subiendo la presión para cumplir con las exigencias, pero se topaba en pared. El abuso de detener el vuelo de Aeroméxico fue la salida menos dolorosa para no entrar en conflicto, como sí lo hizo Germán Martínez, con el gobierno de la Cuarta Transformación. Para todo fin práctico la culpable de su renuncia es ella y solo ella. Las diferencias por Dos Bocas y el Tren Maya no alcanzaron a salir al terreno de la confrontación. La atención hoy esta puesta sobre quien será el relevo en una dependencia que exige severos controles para no caer en la complacencia de darle luz verde en automático, sin los debidos procesos, a los grandes proyectos del gobierno federal. Ojalá que la decisión del presidente López Obrador para el relevo en la Secretaría del Medio Ambiente sea más técnica que política. Si no es así, el inquilino de Palacio Nacional acabará por hacer lo que siempre criticó del viejo sistema: decidir por amigos y aliados, en lugar de darle su lugar a los que sí saben del tema y le pueden evitar dolores de cabeza. Por ahora el presidente López Obrador debe entender las señales del sistema y ver que la buena voluntad es necesaria, pero no suficiente, para sacar adelante a México. El mal ambiente de esta semana es una señal de alerta.