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21 de Marzo del 2019

Kushner, ¿en lo oscurito?

El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que en su discreta reunión con Jared Kushner, yerno de Donald Trump, se abordaron temas de comercio y migración. Pero fuentes norteamericanas advierten que se trató principalmente de un intento de negociación sobre la postura de México frente al conflicto de Venezuela
Ninguna información ni imágenes se desplegaron en ningún noticiero de televisión o radio la noche del martes, ni en los principales diarios nacionales de la mañana del miércoles. Y lo que sucedió la noche del martes en una residencia no oficial no fue cosa menor. El presidente Andrés Manuel López Obrador cenó con Jared Kushner, el yerno de Donald Trump y dueño de la “Agenda México” desde que su suegro se instaló en la Casa Blanca. Del hecho, que se intentó pasara inadvertido, los mexicanos trasnochados nos enteramos por un cable de Reuters a las dos de la mañana, concluida la cena. El resto de los mortales debieron esperar a la conferencia mañanera, en la que el presidente reveló el encuentro que –dijo- tuvo lugar por los buenos oficios en la residencia de Bernardo Gómez, el co-presidente de Televisa. Sin dar mas detalle sobre los asistentes, el inquilino de Palacio Nacional reveló que los temas se instalaron en comercio y la migración. Agenda común, obligada. Pero fuentes norteamericanas de inteligencia advierten que el tema central, mas allá del T-Mec y de las caravanas de migrantes, fue un intento de negociación sobre la postura de México frente al conflicto de Venezuela. Aunque de dientes para afuera no se admita –y nada tendría de malo hacerlo- el yerno de Trump vino a cabildear, buscando ablandar al gobierno mexicano sobre su respaldo a Nicolás Maduro. En Washington no se hacen a la idea de que México insista en la llamada Doctrina Estada, que marca la agenda de la no-intervención. Están urgidos del aval azteca para consumar el cerco de desconocimiento de Maduro, apadrinado por el llamado Grupo de Lima. Pero llama la atención que si ese fue uno de los temas cruciales de la reunión privada, no se acepte públicamente. Como si existiera el pecado de una negociación a puerta cerrada, en lo oscurito. Si a ello se le suma que se eligió una residencia no-oficial para ese encuentro oficialmente no-oficial, las cejas se le arquean a mas de un analista. Si sobre todo lo anterior se conoce que la mayoría de los integrantes de la primera línea del gabinete se enteraron como cualquier mortal –por la conferencia mañanera- del discreto encuentro, sin medios, no en Palacio Nacional ni en la Cancillería, ya imaginarán lo que ese coctel despierta. Desde el sexenio Peña Nieto la relación entre el gobierno mexicano y el gobierno de Trump es accidentada. Por mas buenos oficios del entonces canciller Luis Videgaray, cultivando una amistad mas allá de la diplomacia con Kushner, Trump siempre se mostró rejego con México. El gobierno peñista siempre le rechazó su muro y el mandatario norteamericano no se bajó de su berrinche. Cumplió el protocolo de la renegociación del TLC, solo para barnizar su ego para rebautizarlo como el T-Mec y venderle a sus electores aquello como una novedad. Una salida fácil a su frustración de no poder construir su muro. Pero la relación era tan tensa, a pesar del romance Kushner- Videgaray, que difícilmente se pudo concretar una cumbre Peña Nieto–Trump mas allá de la protocolaria firma del T-Mec. Desde que fue designado candidato de Morena hasta que asumió la presidencia, López Obrador se viene mostrando cauto con el gobierno de Trump. El ahora presidente intenta probar que el agua y el aceite, con cierta diplomacia, si se mezclan. Y que su visión social, calificada de izquierda, puede coexistir en santa paz con la agenda ultraconservadora y extremista del ególatra de la Casa Blanca. Pero por mas que se pretenda esquivar el conflicto, lo que Trump exige a sus “amigos presidentes” es incondicionalidad. Y el caso de Venezuela no será la excepción. A eso vino Kushner. A dejarnos el mensaje el mismo día que se concretaba el encuentro de Trump con el derechista presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, electo meses después de un López Obrador que todavía no tiene foto en la Casa Blanca. Y aquí continuaremos esperando. Mientras no se ceda en aceptarle pagar el caprichoso muro o en avalar el desconocimiento a la Venezuela de Maduro.