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24 de Abril del 2019

Innecesario, Sr. Presidente

Con el memorándum que busca derogar la Reforma Educativa de manera unilateral desde el Poder Ejecutivo, AMLO le da argumentos a sus adversarios
A contracorriente de quienes dictaron e impusieron las reglas políticas, económicas y mediáticas del viejo sistema, consumaste en julio del 2018 la hazaña de ganar la elección presidencial. Ningún candidato, de ningún partido, logró en los tiempos modernos una votación tan copiosa como la tuya: 33 millones de votos, el 51 por ciento del electorado te instaló en la Silla del Águila. Mas aún, los mexicanos hartos del corrupto sistema engendrado por el PRIAN decidieron también entregarle a tu partido, a Morena, una relativa mayoría legislativa. En la Cámara de Diputados y en el Senado. Eres sin discusión el político más legitimado y poderoso de los últimos cinco sexenios, dueño de un cheque en blanco que el 85 por ciento de la ciudadanía todavía confía en que lo emplearás para construir un México mejor. Sin duda, por eso desconciertan algunas de tus posiciones políticas que lucen, mas allá del debate de que estén al margen de la ley, como producto de un líder opositor que todavía está en campaña. El reciente memorándum con el que das unilateralmente por cancelada la Reforma Educativa promulgada por el Congreso en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, desconcierta, inquieta y le da a tus adversarios renovados argumentos para presumir lo que difunden como tu escondido  autoritarismo. Puedes dar los más justificables argumentos para terminar con lo que muchos consideran fue una reforma mal planteada, pero la ruta del golpe de memorándum no es la correcta. No es la legal. Sobre todo cuando tienes de tu lado el respaldo de un Poder Legislativo, al que por procedimiento legal tendrías que proponerle la cancelación de esa reforma para votarla. Eso es lo que todavía marca la Ley. ¿Acaso crees que los tuyos, en mayoría, no votarían a favor? Entonces, ¿por qué tomar la ruta cuestionable? ¿Cómo justificar el ignorar la ley para convertirte innecesariamente en el epicentro de una controversia en la que no existen argumentos a tu favor para ganarla? Lo que preocupa, ya no sólo a tus detractores, sino a quienes confían en ti, es que estas acciones a puño cerrado, a mano alzada en preguntas placeras, se van haciendo cada día más frecuentes. El desafío en la selección de tus propuestas de candidatos a la Comisión Reguladora de Energía demeritó y bajó la calidad de un organismo que, o se mejoraba, o lo mejor era desaparecerlo. Porque a todas luces se colocaron sobre la mesa a personajes que pueden estar llenos de bondad y de afinidad ideológica, pero que demostraron ausencia del suficiente conocimiento para la responsabilidad que se les encomendaría. Y cuando esos comisionados propuestos fueron rechazados, volviste a presentar los mismos nombres, a sabiendas de que una vez más serían rechazados. Entonces te acogiste al derecho legal –pero no moral- de instalar a quienes como ejecutivo elegiste, pasando por alto el rechazo legislativo. La sensación de facto fue el de un caprichoso golpe con asomo de “el Estado soy yo”. Lo que intentamos advertir es que aún a tus más fieles simpatizantes los estás dejando sin salidas para defender lo que siempre prometiste: reinstalar en México el Estado de Derecho. Por supuesto que venimos de sexenios que lo pisotearon, lo subastaron al mejor postor, que hicieron de la Ley su moneda de cambio con la que justificaron innumerables corruptelas. Pero eso no justifica que tú, el abanderado de la Cuarta Transformación, te vayas al otro extremo, por una ruta muy cuestionable. Desde siempre, tus adversarios te colgaron el sambenito de ser un hombre que desprecia a las instituciones. Cuando pronunciaste aquella sentencia de “Al diablo con sus instituciones”, te intentaron exhibir como un mesías tropical. No le regales gasolina a quienes buscan incendiar con el descrédito tu proyecto de nación. Tienes a la mayoría de los mexicanos de tu lado para desmantelar el andamiaje que desde hace 24 años nos instaló en una espiral de bajada. No les entregues en cada conferencia mañanera un pretexto para que te confirmen como ellos quieren que se te vea: como un dictador que buscará concentrar en Palacio Nacional todos los poderes de la Nación. Aún es tiempo para recapacitar. Con el respeto de siempre, Un mexicano por un México mejor