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22 de Noviembre del 2019

“El ingeniero del año”

El hecho de que la 4T reconozca a Carlos Slim representa una contradicción con los principios que llevaron a AMLO al poder. Éste es el monopolista mexicano por excelencia, una figura cuyo poder económico le ha permitido comprar poder político a una escala que atenta contra el estándar democrático.
No son ya pocas las ocasiones en que el gobierno de la Cuarta Transformación desconcierta con acciones que en los hechos contradice lo que históricamente pregona.   Ahí está el caso de la premiación a Carlos Slim Helú como Ingeniero del Año, acto en el que el presidente no solo entregó personalmente el reconocimiento al hombre más rico de México, sino que ponderó todo un dechado de virtudes, entre ellas su austeridad.   Sorprende el hecho, porque después de tomarse de la mano para renovar el Centro Histórico de la Ciudad de México en el arranque del nuevo siglo, cuando López Obrador era entonces el jefe de Gobierno, las relaciones entre ambos vivieron serias altas y bajas.   El clímax de los desencuentros se dio en el arranque del actual sexenio, cuando sorpresivamente el presidente de la Cuarta Transformación canceló la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.   Lo menos que dijo entonces el inquilino de Palacio Nacional fue que era una obra fastuosa, excesivamente cara –el doble de lo que costó un aeropuerto similar en Beijing-, además de estar plagada de sobradas sospechas de corrupción.   El presidente López Obrador se refería a la adquisición de los terrenos adyacentes a la magna obra, que sería un mega negocio inmobiliario dominado por unos cuantos que traficaron con información privilegiada.   Curioso el hecho de que el constructor en jefe de ese aeropuerto mega caro y lleno de corrupción fuera nada menos que Slim, el ahora galardonado como Ingeniero del Año.   Las cejas se arquean cuando después de la suspensión del aeropuerto que se edificaba con constructoras afines al PRIAN, se les diseñó un Fobaproa aeroportuario a la medida para que nadie perdiera el dinero que habían invertido.   Quizá pequemos en exceso de críticos o pesimistas. Pero ¿dónde está el mérito de Slim para ser elegido entre las decenas de miles de ingenieros de México como el mejor?   Sin duda debe ser porque en 1990 supo trazar bien “la ingeniería” para ser el gran beneficiado de la privatización de Teléfonos de México, el monopolio con el que viene ordeñando a decenas de millones de mexicanos y que lo convirtió en el hombre más rico del planeta.   Tal vez su más habilidosa “ingeniería” sea la de poder construir “los caminos” para acomodarse políticamente lo mismo con presidentes y gobernadores priistas, panistas, perredistas, hasta ser ahora hijo pródigo de la Cuarta Transformación.   Nadie le puede disputar a Slim su capacidad para “construir puentes” con el poder legislativo, apadrinando cientos de campañas políticas a candidatos a diputados y senadores de todos los partidos, a los que en el momento justo les pasa la factura pidiendo el favor de proteger sus intereses.   ¿Acaso alguien le puede regatear a Slim su habilidad “ingenieril” para trazar las rutas que lo instalan hoy como el dueño de las telecomunicaciones, las principales obras púbicas de la nación, muy productivas empresas mineras e instalarse como nuevo jugador en el campo de los energéticos?   Denle un vistazo al gran proyecto de infraestructura 2020 con el que se pretende reactivar la debilitada economía. Por los carriles más amplios de ese presupuesto transitan las corporaciones dominadas por el Ingeniero del Año.   Como candidato, Andrés Manuel López Obrador prometió acotar y refrescar los privilegios de las élites, acabar con las mafias del poder, desarticular la mesa de aquellos que sienten que México les fue facturado a modo.   Como presidente, el inquilino del Palacio Nacional está dando desconcertantes muestras que hacen que los 33 millones que votaron por él se cuestionen si una cosa es lo que les dijo en campaña y otra muy distinta es lo que ven ahora cuando se ensalza y se premia a quien apenas ayer se le cuestionaba.