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02 de Abril del 2019

Infiltrados en la 4T

Solo bastarían unos cuantos segundos para darse cuenta de la cuestionada honorabilidad de varios personajes del nuevo gobierno. En momentos en que López Obrador anunció que irán hasta los altos mandos para castigar la corrupción, vigilar a los posibles infiltrados es un asunto de seguridad nacional
Si la piedra angular de la Cuarta Transformación es la lucha contra la corrupción, el reto más importante que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador es cuidar que en las posiciones clave no le aparezcan infiltrados. Lo cierto es que por más buena voluntad que exista, el aparato de gobierno federal es tan grande que entre tantas miles de posiciones de la alta burocracia no existe garantía de que no vayan a colarse los infiltrados. La característica de los infiltrados es una. Tienen la habilidad de venderse con alguno de los encumbrados del gabinete, incluyendo el ampliado, para volver a ser reclutados en posiciones de las que ya antes fueron expulsados bajo severos cuestionamientos de honorabilidad. Hace algunos días denunciamos aquí el caso de Genaro Cedano Filippini, un cuestionado personaje sobre quien en el pasado pesan denuncias de lo que era la PGR y la DEA. Se le ubica como integrante de la familia que ya controla en México el llamado Cártel del Tabaco, que busca controlar el comercio de cigarros de contrabando. Pues Genaro Cedano Filippini funge como director general de Mandamientos Judiciales y Ministeriales de la Fiscalía General de la República. ¿Quién le quiso hacer el flaco favor al doctor Alejandro Gertz Manero, que ni se dio el tiempo de googlear el nombre para que le aparecieran el caudal de notas que, ciertas o a medias, lo cuestionaban? Otro caso que acaba de explotar en estos días es el caso del capitán Hector Mora Gómez, quien acaba de ser designado director general de la Administración Portuaria Integral (API) de Manzanillo. Dependiente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el cuestionado ya despachó en el mismo cargo del 2003 hasta el 2006 y tiene el nada digno mérito de tener denuncias penales por presuntos actos de corrupción. De entonces a la fecha creó tres empresas dedicadas a la venta de tecnologías, que algo deben de tener de irregulares puesto que no las declara en su patrimonial que presentó para volver a ser el jefe portuario de Manzanillo. Pero los casos de Cedano Filippini y Mora Gómez son apenas dos muestras de lo que sucede cuando ningún funcionario se da a la molestia de revisar si están limpios de pecado o se les tira la primera piedra. Pero casos como este son apenas la muestra de lo que será cada vez más frecuente, sobre todo en dependencias como aduanas y los centros penitenciarios federales en donde las cuestionadas historias sobre infiltrados ya abundan. Si algo no le puede suceder al presidente López Obrador es que uno de esos escándalos de infiltrados venga a lesionar lo que con tanta voluntad política y credibilidad personal presenta el inquilino de Palacio Nacional: su apuesta anti-corrupción. Algo tan sencillo como entrar en los archivos digitales de medios y redes sociales para rastrear la mínima duda evitaría futuros dolores de cabeza al gobierno de la Cuarta Transformación. O si de verdad se busca imponer candados, que se cree una Comisión Nacional con líderes públicos y privados que cotejen y palomeen las posiciones clave donde las tentaciones están a la orden del día. En los momentos en que el primer mandatario anunció ayer que irán hasta los altos mandos del gobierno para castigar la corrupción sin caer en la trampa de irse contra los considerados chivos expiatorios, vigilar a los posibles infiltrados es un asunto de seguridad nacional.