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18 de Mayo del 2018

Independientes: pifia

En la primera contienda presidencial en la que se estrenan los candidatos "independientes", el experimento se volvió un fiasco. Y el primer intento del 2018 será farsa y comparsa
Una de las más celebradas reformas del actual régimen fue aquella que buscaba romper la llamada “Partidocracia”, abriéndole espacios a los llamados “Candidatos Independientes”. Como si el derecho consagrado en nuestra Constitución de poder votar y ser votado no fuera suficiente, se hizo necesario una cruzada política para abrir esos espacios “independientes”. Y en la primera contienda presidencial en la que se estrena, el experimento se volvió un fiasco. Y la explicación es sencilla. Las reglas están hechas para que solo aquellos que tienen padrinos políticos o empresariales, puedan salir adelante frente al rosario de requisitos. Primero reunir los cientos de miles de firmas necesarias, con fallidas aplicaciones para teléfonos celulares. Y después vencer el piso disparejo, tanto en el financiamiento como en el tiempo aire de los escasos spots que se les asignan. Y como si el proceso no fuera tortuoso y cuesta arriba, los que si tienen auténtica vocación independiente acaban descarrilados, mientras que los “independientes patrocinados” acaban alquilados para la comparsa. Ahí está el caso de Margarita Zavala, una mujer admirada y respetada, que en las encuestas pre-electorales demostraba un arrastre que podía rivalizar con la popularidad de Andrés Manuel López Obrador. Ante su incapacidad para impedir que Ricardo Anaya fuera el candidato del PAN, y por ende del Frente por México, Margarita renunció al PAN y anunció su candidatura independiente. Salió airosa con las firmas. Y algunos simpatizantes de peso y de pesos le prometieron apoyos que acabaron por serle retirados. Su intención no era la de apoyarla, sino la de frenar a “ya saben quien”. Sin spots que la promovieran, sus simpatías no despuntaron más allá del cinco o seis por ciento en las más optimistas encuestas. Margarita se dio cuenta de que acabaría como comparsa y dignamente prefirió declinar. Ya tendrá tiempo de sanar esas heridas y volver por sus fueros. En cambio ahí está Jaime “El Bronco” Rodríguez, quien enfundado en su disfraz de haber sido el primer “gobernador independiente” en Nuevo León, dejó tirado su gobierno en el segundo año, para irse a la aventura presidencial. Su padrinos políticos lo encuerdaron. Creyeron que con ese toque mágico del héroe popular del Libro Vaquero, podría repetir su “hazaña” a nivel nacional o al menos robarle votos al “anti-priismo”. Sus patrocinadores sabían que su victoria en la gubernatura no fue asunto espontáneo, ni de las redes digitales que tanto presume. La silla de Nuevo León la alcanzó con financiamiento oscuro que le sirvió para comprar la estructura del PRI el día de la votación. La misma que él operó cuando era líder en la CNC. Pero en la recolección de firmas mostró el cobre. Las falsificó y usó el tiempo de sus funcionarios públicos para que se las levantaran. Y hasta su financiamiento de 17 millones que vino de quién sabe dónde, está hoy bajo la lupa. Pero a pesar de todo, el Trife lo montó con calzador en la boleta presidencial. Y ahora solo la investigación de esos delitos electorales ante la Fepade podría hacer justicia. Por eso decimos que eso de los “candidatos independientes” no deja de ser una burla con la que al final solo están perpetuando los vicios del pasado. La muy cuestionada “Partidocracia” está más vigente que nunca en esos muéganos políticos mal llamados “frentes” de partidos que solo tienen en común su afán por retener o alcanzar el poder. Cuando la historia recuerde el primer experimento presidencial independiente del 2018, con el único sobreviviente “independiente” en la boleta, el veredicto será inapelable: farsa y comparsa.