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10 de Enero del 2019

Huachi cuello blanco

El verdadero huachicoleo es corporativo, desde las entrañas de Pemex. Con la complicidad de altos directivos y de líderes sindicales, creando una compleja red de venta clandestina, que alcanzarían a embolsarse más de 200 millones de pesos diarios
Hace unos meses un gasolinero del norte de México recibió una llamada de un directivo de una refinería de Pemex. Le ofrecía venderle cierta cantidad de pipas de gasolina a mitad de precio. “Perdón, amigo, pero yo no compro huachicol”, le dijo el gasolinero al directivo de la refinería. De inmediato el ejecutivo al servicio de Pemex le aclaró que no se trataba de huachicol, sino de “colas y excedentes” que se tenían en la refinería. Y para validar la información, le pasó al teléfono al director de la refinería, quien le justificó el por qué se le podían vender pipas con miles de litros de combustible a mitad de precio. La explicación era que se les habían ampliado los márgenes de merma por evaporación de gasolinas y que les autorizaban el 12 por ciento. Es decir, de cada 100 litros podían reportar 12 litros como “evaporados” por traslado y manejo del combustible. Si la facturación aparecía liquidada con 88 de lo 100 litros, aquello era “legal”. Obvia decir que la evaporación real de los combustibles apenas alcanzaba el tres por ciento. Pero como lo que se aceptaba como merma, sin chistar, eran 12 litros, los 9 restantes los colocaban en depósitos especiales, como si fueran “gasolina evaporada”. Y los vendían al margen de las ventas formales. Para decirlo en palabra llanas, el 9 por ciento del combustible que salía de las refinerías podía ser colocado por directivos o integrantes del sindicato, sin que nadie pudiera acusarlos de saqueo. Eran las “evaporaciones”. Por eso cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador habla de huachicoleros de cuello blanco, a lo que se refiere es a personajes de altos mandos ejecutivos y sindicales de la paraestatal, que crearon una bien articulada red alterna de venta de combustibles. El moche era claro: de cada pipa de esa “gasolina evaporada”, la mitad de los ingresos por su venta clandestina iban a los bolsillos de directivos y líderes sindicales, mientras que la otra mitad era el “beneficio” del gasolinero. Si vemos que en México el consumo de gasolina al día es de 125 millones de litros, eso significa que al año la cifra alcanza los 45 mil millones de litros. Si calculamos el 9 por ciento de esos 45 mil millones, tendríamos una “evaporación” de cuatro mil millones de litros de gasolina anuales. Y asumiendo un precio al consumidor de 19 pesos por litro, el botín de la merma y la evaporación podría alcanzar los 78 mil millones de pesos. Por eso no se distraigan con las escenas mediáticas de la ordeña a los ductos en poblados de gente humilde, sacando con tinas el combustible y llenando camiones o pipas. Eso es para justificar el mega robo institucional. ¿Que tantas pipas diarias pueden llenarse así, a cielo abierto y a la luz del día? El verdadero huachicoleo es corporativo, desde las entrañas de Pemex. Con la complicidad de altos directivos y de líderes sindicales, creando una compleja red de venta clandestina, que alcanzarían a embolsarse más de 200 millones de pesos diarios. Y aquí sí, con todo respeto para el presidente López Obrador, nada de perdón y olvido. Existe premeditación, alevosía y ventaja para saquear los bienes de la Nación. Que no dejen impunes a los huachicoleros de cuello blanco.