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06 de Noviembre del 2019

Halcones en la 4T

Ricardo Peralta, subsecretario de Gobernación, es la mano que mece la cuna detrás del proyecto de Jaime Bonilla. Pero lo peor que este personaje le ha traído a Bucareli es una pléyade de viejos priistas, casineros, corruptos confesos, que son quienes despachan a sus anchas en la Secretaría.
Jaime Bonilla es un cínico y un traidor. Basta ver los desplantes del ahora gobernador bajacaliforniano que se siente empoderado por las declaraciones de la secretaria de Gobernación, que le pronostican que sus cinco años de gobierno pervivirán. “Eso es todo lo que necesitamos…”, se ríe burlonamente de Olga Sánchez Cordero, quien ignora que las gentes de Comunicación Social del gobierno de Baja California están grabando la escena. En vivo. Se suponía que era un encuentro privado, pero el impresentable Bonilla, quien parece desplegar más poder que el presidente López Obrador y la secretaria de Gobernación, lo transmitió sin advertir a los asistentes. Pero este halcón de la Cuarta Transformación no vuela solo. Tiene como padrino al subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, otro personaje que acabará por darle todavía mayores dolores de cabeza al gobierno lopezobradorista. Basta ver las fotografías del día de la toma de posesión, en donde se ve a Peralta como escolta de Bonilla. Cuidándole las espaldas, sonriente, sabedor de que ya se instaló como el poder tras el trono en el gobierno de Baja California. Es el mismo Peralta, igual de impresentable que Bonilla, que hace meses fue removido de la Administración General de Aduanas, algunos dicen que por su profunda incompetencia, otros por su descomunal corrupción. Pero el funcionario cayó parado. Y con el beneplácito del presidente López Obrador, la secretaria Sánchez Cordero lo condecoró como su subsecretario de Gobernación. Su brazo derecho operador. Desde entonces sus pifias y dislates son de antología. Se fue a pactar sin permiso con las autodefensas de Tamaulipas y Michoacán. Lo desmintió el presidente. También sin permiso quiso pactar millonarias compensaciones al líder de los Ferrocarrileros. Lo frenaron en Hacienda. Dejó tirados en la calle a los alcaldes que exigían diálogo con el gobierno. Exhibió su procrastinación. Destiló autoritarismo cuando les prometió a los taxistas del aeropuerto de la Ciudad de México que usaría la Guardia Nacional para frenar a los Uber. Asumió funciones que no le competían. Y ahora promueve que lo que alguien considere fake news en las redes sociales sea considerado como acto de terrorismo. Faltarán cárceles. Pero lo peor que Peralta le ha traído a Bucareli y a la secretaria Sánchez Cordero es una pléyade de viejos priistas, casineros, violadores, corruptos confesos, que son quienes despachan a sus anchas en la Secretaría de Gobernación. Duermen con el enemigo. Con ellos y sus amigos de Aduanas, la dependencia que continúa manejando a trasmano, reunieron los recursos necesarios para patrocinarle la campaña a Bonilla. Y ya ganados, se fondearon de las mismas dependencias para comprar en cientos de miles de dólares los votos de la oposición necesarios para ampliar el período a seis años. Por eso Peralta se siente el gobernador in péctore de Baja California, estado en donde se asientan las aduanas que le interesan. En donde todavía despachan sus incondicionales, aunque él ya no sea el jefe oficial. Para lo que haga falta. Por eso el subsecretario se hace retratar el día de la toma de posesión de Bonilla como su guarura, su cuida-espaldas, para dejar en claro que es el dueño de quien designó como fiscal a un cuestionable ex abogado de un gran jefe casinero. Por eso no hay consecuencias cuando el “morenista” Bonilla exhibe traicioneramente a la secretaria Sánchez Cordero en las redes sociales. El cinismo que despliega el gobernador de Baja California le da para eso y más. Y la ingenuidad en Bucareli le ayuda. Pocos le darán el suficiente crédito a la explicación de la secretaria de Gobernación sobre la contradicción en sus decires sobre la ampliación del gobierno a cinco años, mientras tenga en su nido de Bucareli a halcones como Peralta y compañía, que hacen de las suyas sin pagar el precio. Nadie respetará al gobierno de la Cuarta Transformación mientras esos personajes no sean debidamente descalificados por el presidente López Obrador, quien hasta ahora los tolera bajo el pretexto del “no me meto”.