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08 de Octubre del 2019

Guasón y AMLO

La nueva película de Todd Phillips es una radiografía psico-social que retrata las consecuencias de la desigualdad y la marginación de México y el mundo.
Si el Consejo Mexicano de Negocios quiere entender un poco lo que está sucediendo en México y en el mundo, podría pedirle a Alejandro Ramírez, el presidente de Cinépolis, una función privada de la película Guasón (Joker). Quizá descubrirían en esa trama psico-social las razones por las cuales no solo en nuestro país, sino en el planeta entero, están despertando conflictos sociales de enorme magnitud. Aquellos que llegan a la sala de cine esperando que Guasón sean una historia más en torno a uno de los villanos favoritos de Batman, se equivocan. El único destello es el nombre del villano y la ciudad en que se desenvuelve es Ciudad Gótica, vulgo Nueva York. Por lo demás, la trama es la de un hombre que por el abandono de su supuesto padre tiene que crecer con enormes carencias afectivas y económicas, siempre marginado, siempre cuidando a su madre enferma mentalmente, a la que termina por asesinar cuando descubre que nunca le dijo que era adoptado. Ignorado por la sociedad, sin oportunidades de estudios, bulleado eternamente, sobreviviendo como payaso, dependiente del asistencialismo médico del Estado, Arthur Fleck se convierte por la crueldad y el desprecio social en un olvidado que cruza la frontera de la sociopatía. Hasta que un día los constantes abusos lo orillan a defenderse de una paliza en el Metro y termina por asesinar a tres jóvenes ejecutivos financieros que lo agreden. Y esa es la chispa que incendia el bosque. El caso del asesinato se viraliza y aparecen por doquier desposeídos que se colocan su máscara de payaso, convirtiendo a Guason en un símbolo de la lucha contra el abuso, el desdén social y la desigualdad. La revuelta de los payasos centra su odio en el alcalde de Ciudad Gótica, Thomas Bruce, quien personifica al sistema poderoso y corrupto, que tiene a esa metrópolis infestada de basura y ratas. Uno de esos payasos anarquistas, émulo de Guasón, lo asesina. Y Guasón termina por acudir como invitado al talk show de Murray Franklin, un afamado conductor de televisión personificado por Robert de Niro, quien hizo burla de él y por eso lo asesina frente a las cámaras. Una metáfora del odio que el marginado y desposeído viene acumulando hacia algunos manipuladores medios de comunicación. La moraleja del filme es que Guasón, magistralmente interpretado por Joaquin Phoenix, se asume desde su sociopatía como el reivindicador que lucha y aniquila al poder corrupto y corruptor de políticos, financieros y medios de comunicación. El guión de esta poderosa película trasciende fronteras, ideologías y razas. Los Guasón están lo mismo en México, que en los Estados Unidos, en Argentina, el Reino Unido o España. Los desposeídos y los olvidados crecen en número cuando el capitalismo rapaz mide el bienestar fijando su vista sólo en el balance financiero de cada trimestre. Viendo Guasón entenderán la enorme tarea que existe detrás del espiritu del presidente Andrés Manuel López Obrador y de su Cuarta Transformación. Voltear hacia los desposeídos, , a los bulleados del poder, a los abusados por una sociedad que los condena a sobrevivir con lo mínimo. Cerrar esa brecha abismal entre los muchos que tienen tan poco y los muy pocos que tienen demasiado es la gran lección de Guasón. La película encierra dos frases icónicas que son para tatuarse en la mente. Aquella que en el infierno en el que vive, Arthuer Fleck recuerda una y otra vez: “No me gusta la idea de morir, pero si muero joven espero haber hecho cosas como para ser recordado”. Si México no le da a la mayoría de sus hijos la posibilidad de hacer cosas, la única oportunidad que algunos de esos olvidados podrían tener de ser recordados al morir sería por sus pintas, por ser halcones del narco o aspirar a ser el próximo Chapo o el nuevo Señor de los Cielos. Guasones del anarquismo o servidores del crimen organizado. Y una frase más, la más profunda, para que todos la recordemos cuando veamos el rostro de esos desposeídos y olvidados: “Las personas son tan buenas como el mundo les permite ser”. No se la pierdan.