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06 de Marzo del 2019

Guarderías y maltratos

El gobierno de la Cuarta Transformación se equivoca en retirar el financiamiento público de las estancias infantiles y los albergues para mujeres maltratadas
Es entendible que en la urgencia de cerrar las llaves de la corrupción heredada, el gobierno de la Cuarta Transformación cometa algunos traspiés. Decisiones debatibles, controvertidas. Dos de ellas tienen que ver con la familia y en particular con las mujeres. Uno, el retiro de los apoyos directos a las guarderías y dos, el retiro de los apoyos a los albergues para mujeres maltratadas. En ambas situaciones se presumen malos manejos de los fondos, padrones de niños a cuidar o de mujeres maltratadas que no existen, o guarderías y organismos fachada que solo recibían el dinero pero que no daban el servicio. El fondo de estas medidas, frenar la corrupción, es correcto. Lo que no se aplaude, lo que irrita, son las formas burdas, poco pensadas, para acabar con el problema. Tomemos el caso de las guarderías. ¿A quien en su sano juicio se le ocurrió entrarle a este caso a mitad del ciclo escolar, cuando el tiempo es lo menos que les sobra las madres que trabajan y que necesitan de cuidado para sus hijos? ¿Alguien pensó siquiera lo que significaría para una madre buscar de la noche a la mañana otra opción, porque la que tenía fue cerrada? ¿Que lo cuiden los abuelos? ¿Y si no hay abuelos? ¿Y si los abuelos no tienen ya fortaleza física? ¿Y si los abuelos viven lejos de la casa del nieto? ¿Y si los abuelos viven en otra ciudad? Ante la sospecha de que abundaban los cuidados en falso, lo más sensato habría sido esperar a teminar el ciclo escolar en junio y en este período investrigar quien huachicoleaba con el cuidado de los niños y castigarlos. Nada de perdón y olvido. Y una solución inteligente para el nuevo ciclo escolar sería generar un voucher, como el de las tarjetas de crédito, y que se lo dieran a cada mamá para que en su libertad lo entregaran a la guardería en la que ya dejaban a sus hijos o en alguna otra de su preferencia. A la que le cuidara mejor a sus hijos. Así las guarderías que dieran un buen servicio recibirían muchos vouchers que los podrían cobrar cada semana, cada quincena o cada mes en un banco. Y las malas guarderías, por falta de clientela, cerrarían. Lo mismo sucede con el apoyo a los albergues para mujeres maltratadas. Presumir que todos abusan o son membretes fachada es el camino fácil, mas no el inteligente. Pretender que a partir de ahora cada mujer maltratada acuda al gobierno para solicitar el apoyo es no tener sentido común. ¿Que va a hacer una mujer golpeada y vejada por su pareja? ¿Presentarse ante qué autoridad, llena de moretones o de cicatrices en el rostro, para con esas pruebas reclamar el apoyo económico que lo van a ir a entregar a dónde para recibir cuidados y ayuda psicológica que necesita? Tan absurdo, que el nuevo sistema podría acabar siendo un negocio bien montado para gente sin escrúpulos que a cambio de la ayuda estén dispuestas a fingir que las golpearon. ¡Pégame Remigio para ir a cobrarle al gobierno tu abuso! De nuevo, lo sensato habría sido censar esos albergues, auditar sus servicios, y en todo caso reasignar los recursos disponibles de acuerdo a la cantidad de mujeres atendidas y la calidad de lo que ofrecen. El común denominador de guarderías y albergues cancelados es la típica y fácil solución del nuevo tesorero flojo, que al llegar a una empresa y detectar corrupción, su salida fácil es suspender todas las compras. Las buenas y las malas. Se acabó la corrupción, pero se acabó también la empresa. El presidente Andrés Manuel López Obrador ya demostró con la Guardia Nacional que está abierto al debate e incluso a rectificar si existen consensos distintos a su opinión. Y se le aplaudió. Bien haría el inquilino de Palacio Nacional en rectificar no el fondo pero si las formas, por el bien de los niños, de los papas de los niños y de las mexicanas maltratadas. El malestar crece por días, porque lo que se ofrece a cambio de lo que se tenía no se ve ni implementable de inmediato, ni viable en el corto plazo. Se vale rectificar, Presidente.