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08 de Enero del 2020

García Luna USA

Genaro García Luna anunció que ya negocia el estatus de testigo protegido con el gobierno estadounidense y Trump podría obtener un arma poderosísima.
Entre el impeachment y la reelección que tiene cuesta arriba, el presidente Donald Trump está urgido de asestar golpes si no efectivos, si al menos efectistas, que le rindan popularidad mediática entre sus electores. Uno de esos golpes -irracional y peligroso- fue el asesinato del general Qassim Soleimani, que tiene hoy a Estados Unidos al borde de una guerra de alcance global con Irán. Pero el inquilino de la Casa Blanca no puede apostar todo su capital político en un solo frente. Y por eso apenas arrancó el 2020 ya volvieron a desempolvar la iniciativa de declarar a los cárteles de la droga en México como grupos terroristas. Y para apuntalar la propuesta, la detención en territorio norteamericano de Genaro García Luna viene a colocarle la cereza en el pastel a la inclusión de México en la agenda electoral 2020. Sobre todo cuando el todopoderoso secretario de Seguridad Pública del gobierno de Felipe Calderón ya anunció el pasado lunes que para eludir la pena máxima, ya negocia aceptar ser testigo protegido. Y eso no es otra cosa que entregarle a las autoridades norteamericanas todos los nombres de políticos y empresarios que ordenaban, lucraban o conocían de las actividades de los cárteles a los que García Luna protegía. Para la fiscalía que persigue los crímenes de quien es acusado de ser el principal protector de Joaquín “El Chapo” Guzmán, es decir al líder de un cártel terrorista, lo importante no es poner tras las rejas al títere, sino al o a los titiriteros que fueron quienes lo instruyeron o lo dejaron operar en favor del Cártel de Sinaloa. Y los candidatos más relevantes a ser los titiriteros de García Luna son los expresidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, con quienes el ahora acusado operó la Agencia Federal de Investigaciones, la Policía Federal y la Secretaría de Seguridad Pública en los 12 años en que El Chapo fue intocable. Si el gobierno de Trump logra certificar a los cárteles de la droga mexicanos como grupos terroristas y pueden demostrar que el contubernio García Luna-Chapo era operado desde las más altas esferas políticas y financieras de México, se estaría ante un caso como el de Irán. El argumento para asesinar a Suleimani es que no se trataba del más relevante general del gobierno iraní, sino el instigador de milicias que actuaban como terroristas para favorecer los intereses de un cártel religioso –el de los chiitas- frente al otro, el de los suníes. Por lo tanto, en su decir, asesinaron a un terrorista. Lo mismo se busca en el caso de García Luna, quien dará toneladas de declaraciones y que pasarán a ser clasificadas mientras se confirman. La realidad es que esperarán para disparar esos misiles de información clasificada contra México, solo si hay necesidad de utilizarlos para reforzar la campaña de reelección de Trump. Que quede claro que no es una defensa ni para García Luna, ni mucho menos para Fox o para Calderón. Abundan las pruebas de que conocían a quién protegían. Solo advertimos que el golpe final para demostrar que México es un narco-Estado será empleado a conveniencia política del presidente Trump, convertido en candidato a una reelección. Como hace cuatro años lo fue el tema del muro y de los migrantes mexicanos a los que el entonces candidato Trump calificaba de delincuentes, violadores y asesinos. Por eso hay que observar con lupa los acuerdos a los que llegará García Luna para salvarse de ser el Soleimani mexicano. Porque la fiscalía norteamericana solo le dará validez a lo que diga si de verdad -y con pruebas- inculpa a sus jefes, que fueron Fox y Calderón, además de los empresarios y financieros que le hicieron comparsa. El hecho de que se logre calificar a los cárteles como terroristas y se den las revelaciones del testigo protegido García Luna, solo crearán la causa perfecta para hacer de México un factor clave en la boleta electoral de noviembre del 2020.