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04 de Abril del 2019

Gabinete - IP: al toro por los cuernos

Ante la amenaza estadounidense de no firmar el nuevo tratado comercial de Norteamérica a menos que México saque adelante su nueva ley laboral, líderes del gobierno y del sector privado en el país se reunieron, unificaron visiones y buscaron juntos la solución al problema. Sin duda, esto deja en claro que dentro del nuevo gobierno existe la capacidad de reaccionar en equipo y que el sector privado está puesto para jugar por México en la misma cancha
Los focos rojos se encendieron en el gobierno de la Cuarta Transformación cuando desde Estados Unidos aterrizaron en México las advertencias de que el Congreso norteamericano no firmaría el nuevo tratado comercial, si antes no se aprobaba la prometida nueva ley laboral. La amenaza no venía del siempre temperamental, anti-mexicano y republicano Donald Trump, sino de Nancy Pelosi, una demócrata amiga de México y nada menos que la presidenta de la Cámara de Representantes. La mujer que es considerada la política más poderosa de la Unión Americana fue muy franca al decir que el nuevo tratado comercial está atorado por los cambios prometidos e incumplidos por México en el terreno laboral. Una reacción muy entendible sería que en una mañanera el presidente Andrés Manuel López Obrador diera una respuesta mediática y el asunto esperara nuevas reacciones. Pero el equipo de la Cuarta Transformación agarró el toro por los cuernos y cuatro de los integrantes del gabinete se convocaron para una encerrona con los líderes del sector privado. La consigna fue no cómo defenderse, sino cómo acabar por cumplir con lo que se había comprometido México, para que no existieran los pretextos que justa o injustamente la jefa Pelosi ponía sobre la mesa para aplazar la firma. El jefe de la oficina de la Presidencia, Alfonso Romo; el canciller Marcelo Ebrard; la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde y la secretaria de Economía, Graciela Márquez Colín, se reunieron, unificaron visiones y buscaron de común acuerdo la solución. Pero para ello convocaron a los jerarcas del sector privado, incluyendo a Carlos Salazar, presidente del CCE, Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex y Francisco Cervantes, presidente de la CONCAMIN. En conjunto, líderes del gobierno y del sector privado dieron una clara muestra de que cuando se quiere y se tiene que hacer, pueden alcanzar acuerdos en beneficio de México. Pactaron el “cómo sí”. Dos fueron los puntos clave con los que responderán los cuestionamientos norteamericanos para dejar fuera cualquier pretexto a la necesaria y urgente firma. El primero, que las decisiones laborales ya no se darán en petit comité entre unos cuantos líderes sindicales, sino en asambleas debidamente acreditadas, en donde se asumirán las decisiones votadas democráticamete por los trabajadores. Y segundo, que dentro de la libertad de filiación, dentro de una empresa no será más obligatorio el tener un solo sindicato. Podrán coexistir dos o más, que exhiban la adecuada representación, para terminar con el monopolio sindical proclive a los abusos y la corrupción. No duden que en cualquier momento, y por las rutas diplomáticas adecuadas, los acuerdos se le harán llegar no solo a la demócrata Pelosi, sino también al gobierno de Trump. El mensaje es que el gobierno mexicano cumple lo pactado y que no debe haber pretextos en el terreno laboral para no aprobar el T-Mec en el Congreso norteamericano. Para los de casa, los mexicanos, el mensaje es todavía mas alentador. Deja en claro que dentro del nuevo gobierno el gabinete tiene la capacidad de reaccionar en equipo y que el sector privado está puesto para jugar por México en la misma cancha. Esto sin duda es un salto cualitativo para aquellos que todavía piensan que el aceite del gobierno transformador y el agua del sector empresarial, acusado de conservador, no se mezclan. Cuando la amenaza es común, mejor que así sea.