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23 de Octubre del 2019

Fox, Calderón y “El Chapo”

De principio a fin, Felipe Calderón y Vicente Fox fueron sumisos frente al Chapo. Y ahora que el hijo menor, Ovidio, fue capturado y liberado para evitar el baño de sangre, los que tiñeron de rojo a México se escandalizan y se rasgan las vestiduras.

El Partido Acción Nacional anunció que interpondrá una denuncia contra el presidente Andrés Manuel López Obrador y los integrantes del Gabinete de Seguridad que dejaron ir en Culiacán a Ovidio Guzmán, el hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Con violentos twits y declaraciones de los ex presidente Vicente Fox y Felipe Calderón, los albiazules se rasgan las vestiduras por lo que consideran es un acto de traición nacional.

Si esa denuncia no fuera cínica, sería cómica. Porque antes de que esa demanda se interponga, Fox y Calderón tendrían que responder a muchas preguntas sobre lo que sucedió con la seguridad pública en sus sexenios.

Comenzando por decir que a ellos no se les escapó el hijo de El Chapo. Ellos fueron los que por supina incompetencia o por inconfesable complicidad dejaron escapar a Joaquín Guzmán Loera, recluido en el Penal de Puente Grande, Jalisco.

La fuga sucedió el 19 de enero del 2001, apenas a los 60 días de que Fox se estrenara como Presidente del Cambio. Y para quienes lo hayan olvidado, revisen los expedientes de quiénes fueron los visitantes del gobierno foxista ese preciso día de la fuga, a lo que se suponía era un penal de alta seguridad.

A partir de entonces, doce años de una Agencia Federal de Investigaciones con Fox y una Secretaría de Seguridad Pública con Calderón, todos bajo un solo mando, jamás pudieron dar con el paradero de El Chapo, quien creció hasta ser el capo mejor rankeado en las listas de los multimillonarios de la revista Forbes.

Seis años con Calderón de iniciar una aparente guerra sin cuartel contra los cárteles de la droga, acabó en un desaforado baño de sangre que convirtió a México en uno de los países mas violentos del mundo.

En el fondo lo que se presumió entonces fue que el gobierno calderonista se dedicó a combatir a todos los cárteles que le hicieran sombra al protegido Cártel de Sinaloa.

Golfos, Zetas, Beltrán Leyva o Barbies. Todos por coincidencia dejaron de recibir la sombra del paraguas protector del sistema. Y cuando la plaza liberada estaba limpia, el Cártel de Sinaloa la hacía suya.

Sucedió así en Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Quintana Roo, Morelos, Durango y San Luis Potosí. Todos los cárteles a la baja, solo el de Sinaloa a la alza.

Un Secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Fox y dos secretario de Gobernación, los tres misteriosamente muertos en cuestionables accidentes aéreos.

Nadie pudo explicar por que tanta deficiencia en el mantenimiento de los aviones y helicópteros en los que viajaban los responsables de la seguridad nacional en plena guerra contra los cárteles.

Hasta que vino el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando desparecieron la Secretaría de Seguridad Pública para concentrar toda su operación en la Secretaría de Gobernación.

Coincidencia o no, la estrella de el Cártel de Sinaloa se eclipsó. Los panistas ya no despachaban en Los Pinos. El Chapo fue capturado, fugado y vuelto a capturar, mientras se estrenaba el nuevo cártel del sexenio, Jalisco Nueva Generación. De El Chapo pasamos a El Mencho.

De principio a fin, los panistas fueron sumisos frente a El Chapo. Y ahora que el hijo menor, Ovidio, fue capturado y liberado para evitar el baño de sangre, los que tiñeron de rojo a México se escandalizan y se rasgan las vestiduras.

La diferencia entre Fox y Calderón con el presidente López Obrador fue que a ellos se les escapó el papá y esa sospechosa fuga le costó 40 mil muertos y la pérdida de la paz a nuestro país hasta nuestros días.

La cuestionada liberación de Ovidio Guzmán fue para impedir que el baño de sangre corriera en los territorios que los mismos panistas siempre le respetaron al Cártel de Sinaloa.

Que no se banalice el que decimos. No defendemos -de ninguna manera- la ilegalidad o la falta del Estado de Derecho, la improvisación de los operativos o la descoordinación que abrió el camino a la mala negociación en Culiacán.

Solo hay que desenmascarar a ese panismo de Fox y Calderón, quienes nunca fueron ni blancas ni azules palomas. Si acaso mediocres gavilanes polleros a los que algún halcón les tomó la medida y acabó por encerrarlos en su gallinero.