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01 de Agosto del 2019

Fiscal independiente

Qué bueno es que la FGR vaya adelante con sus indagatorias para acabar con la impunidad. Pero qué malo es que algunos medios de comunicación se excedan en su libertad de expresión para dañar el prestigio de quienes ni siquiera un expediente abierto tienen.
“Ahí está, luchamos tanto para tener un fiscal independiente. Pues ya lo tenemos”. Esa suele ser la respuesta mas común que el presidente Andrés Manuel López Obrador les da a aquellos que le preguntan si ya se olvidó del perdón y comenzó la judicialización de la política en su sexenio. Y es que pocos saben, por ejemplo, que el inquilino del Palacio Nacional se enteró, al igual que todos nosotros los mortales, de la detención de Juan Collado. El mandatario no fue advertido del operativo que sometió en el restaurante Morton’s al prominente abogado en el que confluyen la defensa de poderosos políticos y empresarios del pasado y del presente. Bajo esa explicación presidencial tendríamos que entender que los casos de Emilio Lozoya Austin, Alonso Ancira, Fabio Covarrubias y ahora Rosario Robles, emergen también de la iniciativa de quien opera ya como primer fiscal independiente, Alejandro Gertz Manero. Aquellos que lo conocen saben que el Fiscal de la Nación es un político y jurisconsulto de una sola pieza, que no se anda por las ramas y que va por cumplir sus objetivos al precio que sea. Y a pesar de sus diferencias con Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, ambos están haciendo mancuerna en el acopio de evidencias y expedientes que acrediten los presuntos ilícitos que se les imputa a aquellos personajes que hasta hace pocos meses se les veía como intocables. Pero como suele suceder a la hora de presentar acusaciones y de hacer la lista de los presuntos involucrados en algunos medios de comunicación, se desatan todo tipo de especulaciones, no sólo sobre los ya indiciados o detenidos, sino sobre quienes algunos presuponen podrían correr la misma suerte. Como ejemplo ahí tienen que ayer un diario de circulación nacional exhibió en primera página las imágenes de presuntos hombres cercanos al ex presidente Enrique Peña Nieto advirtiendo que todos eran investigados. Es entendible que las imágenes de Emilio Lozoya, Rosario Robles y el general León Trauwitz se hicieran presentes considerando que todos ellos están ya citados, indiciados e inclusos alguno detenido. Extraña, sin embargo, que personajes como Ildefonso Guajardo y Pedro Joaquín Coldwell fueran incluídos en las imágenes cuando hasta ahora de facto no existe, que se conozca, ninguna imputación abierta, ni contra quien fuera el secretario de Economía y negociador del TLC ni tampoco contra quien fuera secretario de Energía. La presunción de que habrían participado como consejeros de Pemex en la decisión de la compra de Agronitrogenados al empresario Alonso Ancira ya se aclaró que ellos. como el resto de los consejeros, sólo fueron informados, nunca consultados para esa compra. Lo curioso es que mientras se incluyen las imágines de quienes aun no pasan por un proceso no se incluya una fotografía de Luis Videgaray, quien fuera el poderoso secretario de Hacienda, bajo cuya tutela y supervisión se palomearon tanto las compras de Agronitrogenados, como de Fertinal, muchos de los cuestionados contratos de Pemex y de refilón los sobornos de Oderbrecht. Es curioso que bajo las nuevas leyes del debido proceso judicial se obligue a los medios a esfumar los rostros de quienes incluso son capturados infraganti en algún delito, mientras que en el caso de las judicializaciones políticas –aún sin pruebas- se ubiquen a algunos personajes en la línea de fuego del fusilamiento público nacional. Es una aberración que el rostro de la mujer que fue capturada tras la flagrante ejecución de los israelíes en la plaza Artz sea cubierto para protegerla, mientras que la de servidores plúblicos que no tienen ni siquiera un expediente abierto puedan ser exhibidos impunemente y sin recato. Qué bueno que la fiscalía independiente vaya adelante en sus indagatorias para acabar con la impunidad; qué malo que algunos medios de comunicación se excedan en su libertad de expresión para dañar el prestigio de quienes nada deben y nada temen.