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05 de Febrero del 2020

EU imita a México

Hoy parece que Estados Unidos está viviendo la pesadilla de volverse como México… diez años atrás.
El presidente miente flagrantemente. Abusa del poder y reparte dineros públicos para conseguir favores personales. Todo para que él y su partido se adueñen un período más de la casa presidencial. Sus detractores lo quieren destituir, abundan las evidencias de lo ilegal. Pero sus partidarios las ignoran, las desechan y lo arropan como partido que son en el poder. Se manipula el juicio al impedir que se presenten testigos cruciales. Y el partido adversario al presidente tiene sus primeras elecciones primarias que son un caos. Se les cae el sistema; es decir, les falla la aplicación digital para el conteo de votos. Y los primeros resultados siembran la duda. Están lejos de los pronósticos que daban las encuestas. Uno de los menos favoritos aventaja y el que se siente ya candidato se va casi al último lugar. Y un candidato marginal, casi independiente, arrecia su campaña personal para quedarse con la candidatura del partido que vive ese caos interno. No, no estamos hablando de México, ni del PRI, el PAN o Morena. Eso es lo que está pasando hoy mismo en los Estados Unidos, un país que naufraga políticamente entre un manipulado juicio político a su presidente Donald Trump y unas desaseadas elecciones primarias del partido Demócrata en Iowa. Es curioso que como mexicanos casi siempre soñábamos con parecernos a Estados Unidos. Pero hoy parece que los Estados Unidos está viviendo la pesadilla de volverse como México… diez años atrás. Lo que para los norteamericanos de ayer todo era certidumbre, para los de hoy todo es incertidumbre. Nada puede darse por hecho y la radicalización política se exhibe en las esquinas mediáticas de Fox News y CNN, lo mismo que en The Wall Street Journal o The New York Times. El presidente Trump, quien la semana pasada mostraba su peor rostro ante la posibilidad de que nuevos testigos lo hundieran, se siente hoy fortalecido porque el impeachment se frustró y porque con su Discurso a la Nación buscará opacar las elecciones primarias de sus rivales del Partido Demócrata. Nadie como el inquilino de la Casa Blanca está disfrutando que en Iowa el caos y la confusión se adueñen de lo que debería ser el principio de la fiesta electoral para los demócratas. El inicio de las elecciones primarias fue manchado por las fallas de una aplicación digital, que falló y que casi obliga al conteo del voto por voto, casilla por casilla. Bernie Sanders y Elizabeth Warren, los favoritos para salir victoriosos en Iowa, fueron sorprendidos por un Pete Buttigieg que con el 62 por ciento de los votos contabilizados alcanzó 26.9 por ciento de las preferencias, contra 25.1 de Sanders y 18.3 de Warren. A Joe Biden le pegó el escándalo de Ucrania y su hijo. Acabó en cuarto lugar con apenas 15.6 por ciento de los votos. Y en medio de la confusión, Michael Bloomberg, el multimillonario ex alcalde y gobernador neoyorkino, aprovecha el río revuelto para instalarse desde afuera como la mejor opción demócrata, en medio del resbalón de Iowa que no deja contento a nadie. La lección norteamericana de estos días solo viene a confirmar que la hora de la disputa del poder, los jaloneos políticos en Estados Unidos o en México suelen ser casi los mismos, tecnologías más, tecnologías menos. Acá nos adelantamos. Lo del “se nos cayó el sistema” lo pastentamos con Manuel Bartlett en la presidencial de 1988. Allá, con la supuesta mejor tecnología de Silicon Valley volcada en una aplicación digital, los jefes demócratas ya la están descalificando. Prefieren contabilizar a mano las próximas primarias de New Hampshire. De las intrigas y golpes bajos de los políticos de aquel o de este lado del Río Bravo muy poco hay qué decir. A la hora de la verdad los técnicos se disfrazan de rudos y los rudos se maquillan de técnicos. El juego de máscaras en la política es inmutable en el fondo. Al final del día, intereses son intereses.