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30 de Abril del 2019

Escuchen a la izquierda

Cualquier parecido de la nueva realidad política española con la nueva realidad política mexicana no es mera coincidencia. Lo que se asoma detrás de la izquierdización en ambas naciones es el hartazgo de una ciudadanía que utilizó las urnas para ponerle un alto al contubernio entre los políticos y el gran capital
Las elecciones del domingo pasado en España vinieron a confirmar que en política los ciudadanos se están alejando de la derecha y ven con esperanza a la izquierda. Solo los ciegos no lo quieren ver. Y al igual que sucedió en México en julio de 2018 con el fenómeno Andrés Manuel López Obrador, los españoles votaron abiertamente por la izquierda encabezada por Pedro Sánchez. Para tener una idea de la victoria de la izquierda española, solo basta decir que Sánchez y su partido, el PSOE, lograron dos millones de votos más que en el 2016, para conseguir ahora el 28.7 por ciento de los sufragios. De tener en la pasada legislatura solo 85 escaños, a partir del domingo el PSOE alcanza los 123. Eso lo convierte en la única fuerza política que con el apoyo de los socialdemócratas de Ciudadanos o los izquierdistas de Unidad Popular pueden instalar un gobierno de mayoría. Y para entender el enorme descalabro de la derecha española, basta ver que Pablo Casado y el Partido Popular se desplomaron, al caer de 7.9 millones de votos en el 2016 a solo 4.3 millones, logrando apenas el 16.7 por ciento de los sufragios. Eso se traduce en conquistar solo 66 escaños en un Congreso en el que antes el derechista Partido Popular –el equivalente al PAN en México- era la primerísima fuerza política, con 137 asientos legislativos. Cualquier parecido de la nueva realidad política española con la nueva realidad política mexicana no es mera coincidencia. Las dos naciones, España y México, vienen de atravesar gobiernos que se dedicaron a exaltar un capitalismo rapaz, beneficiando al extremo el interés de los negocios por encima de las urgencias sociales de sus ciudadanos. Y en medio de todo, la enorme corrupción que la complicidad de esos intereses generó entre empresarios y gobiernos. La frontera entre negocios y política se borró. Los grandes consorcios como Iberdrola, BBVA, Telefónica, Repsol, Santander o Endesa, entre otros, se instalaron como el gran poder tras el trono español y decidieron a sus anchas. Y algunos sectores del empresariado insaciable, sin límites en sus ambiciones, corrompieron entre otros al Partido Popular. La evidencia más clara se dio en mayo de 2018, cuando fue obligado a renunciar el jefe del gobierno español, el derechista del Partido Popular, Mariano Rajoy. Su caída se dio en medio de acusaciones de corrupción, cuando a él y a su partido les descubrieron una contabilidad paralela con la que ocultaban las aportaciones negras que poderosos empresarios le hacían a su campaña. Una vez más, cualquier parecido con la realidad política mexicana no es mera coincidencia. Aunque a diferencia de España, en México la justicia todavía no se aparece para aclarar el origen de los dineros de campaña que se mancharon con las aportaciones de Odebrecht, la Estafa Maestra, OHL –española, por cierto- o Higa. Lo que se asoma detrás de la izquierdización de la política, tanto en México como en España, es el hartazgo de una ciudadanía que utilizó las urnas para ponerle un alto al contubernio entre los políticos y el gran capital. Ahora el reto, en México al igual que en España, será construir un modelo político que sin dejar de respetar e incentivar la creación de la riqueza, voltee a ver y a cuidar de los que menos tienen. Por supuesto que la tarea no es sencilla. Los radicalismos de uno y otro lado están a la orden del día. Y las descalificaciones entre izquierdas y derechas solo amplían el abismo que aturde e impide el entendimiento. Habrá que ver si bajo su nuevo mapa político de izquierda España puede construir un gobierno más social, como el que a marchas forzadas y con enormes choques de intereses se intenta forjar en México. El primer paso sería adoptar una actitud de “cómo sí”, en los momentos en que todos parecen instalados en el “cómo no”. Reflexionar y escuchar a la izquierda. Algo esta gritando el ciudadano, allá en España y acá en México, cuando le dan la espalda a lo que sentían era una derecha neoliberal que ya se probó corrupta y fracasada en lo que prometía.