16 de diciembre 2020

¡Que alguien me explique!

Escuchar, escuchar, escuchar

Eso fue lo que debió suceder desde el inicio de la controversia, antes de levantar tanto polvo con la reforma a la Ley del Banco de México

Por Ramón Alberto Garza

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La controvertida propuesta para reformar la Ley del Banco de México, con la que se le obligaría a comprar los excedentes de dólares captados por la banca fue congelada.

La propuesta del senador Ricardo Monreal fue retirada antes de entrar a discusión en la Cámara de Diputados por el mismo senador Ricardo Monreal. Fue una decisión prudente y sensata.

La iniciativa no se cancela. Simplemente se abre un espacio de debate para que los distintos actores políticos, económicos y sociales pongan sobre la mesa sus puntos de vista y se pueda validar una nueva propuesta, a ser debatida en febrero.

Eso fue lo que debió suceder desde el inicio de la controversia, antes de levantar tanto polvo. Exponer las inquietudes sobre lo que pasa con el efectivo en dólares captados por la banca, y que no puede ser canjeado, y abrir un debate para evaluar las mejores y más legítimas opciones.

Por desgracia, la palabra ‘escuchar’ parece no ser una palabra muy socorrida en el diccionario del gobierno de la Cuarta Transformación.

Comenzando por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien como candidato y con mucha paciencia era muy afecto a escuchar todas las peticiones de los ciudadanos.

Pero ya instalado en Palacio Nacional las decisiones fueron tomándose de manera sorpresiva, a contragolpe, sin debate, unilateralmente.

Comenzando por la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, pasando por el proceso de re etiquetación de los comestibles, hasta la rifa sin rifa del avión presidencial o la decisión de cancelar los contratos privados para producir energías limpias. Ni qué decir los temas de salud, guarderías y seguridad.

La queja constante, incluso dentro del mismo gabinete, es que el presidente López Obrador no escucha ni a quienes invitó a ser capitanes en esta travesía de transformar a México.

De hecho, sobran sus ‘cercanos’ que dicen que con frecuencia se sienten sorprendidos por decisiones que se anuncian, que involucran a su dependencia, pero de las que se enteran por lo que el mandatario anuncia en La Mañanera.

Y ese estilo personal de gobernar permea ya al poder legislativo, en donde un día sí y otro también aparecen legisladores proponiendo las más descabelladas iniciativas.

Pero aún en los temas serios, en la Cámara de Diputados y en la de Senadores se está abusando del albazo legislativo, que en no pocas ocasiones viene acompañado de su correspondiente rectificación.

Para muestra ahí está el tema de la Ley Orgánica de la Fiscalía General de la República, o el debatido tema del outsourcing y la más reciente propuesta de reforma a la Ley del Banco de México.

En todos los casos, primero apareció el golpe y luego averiguamos. El albazo y luego el escándalo.

Tan fácil que sería con toda legitimidad plantear los temas, que sin duda todos exigen ajustes legislativos, y darles un tiempo de discusión.

Propiciar aportaciones desde distintas ópticas, para que la iniciativa que se presentara, ya fuera refrendada por legisladores, involucrados, académicos y autoridades responsables.

Continuar jugando a legislar a golpe y contragolpe, a prueba y error, desde la patente que da el ser una mayoría calificada que puede sacar adelante lo que se presente, así sea una aberración, solo destruirá el necesario diálogo.

Y esa es la mejor receta para acabar de radicalizar el clima político -de por sí ya confrontado al extremo- con consecuencias sociales y económicas desastrosas para nuestro país.

Desde la campaña nos dijeron que ‘Juntos Haremos Historia’. Pero esa frase se esfuma cuando las decisiones cruciales vienen de una decisión autoritaria.

Todo el escándalo creado a lo largo de una semana, en torno a la iniciativa de reformas al Banco de México se pudo evitar, si antes se sientan los involucrados a afinar la tonada.

Por lo pronto es de reconocer que el senador Ricardo Monreal se dio cuenta de que faltaba consensuar a todos los involucrados. Ojalá que ese sea el principio para aprender más el uso de la palabra ‘escuchar’. No hay mejor receta.

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