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27 de Enero del 2020

Engañan al Presidente

Ninguno de los hombres o mujeres a los que el presidente López Obrador les encomendó el Sistema Nacional de Salud pueden todavía dar un parte satisfactorio.
Mientras se discute sobre la presunta corrupción en el mercado de los medicamentos contra el cáncer o las vacunas, el desabasto nacional crece. El drama de los padres de familia bloqueando hospitales, avenidas, e incluso el aeropuerto de la Ciudad de México, es un grito de desesperación a favor de la supervivencia, en contra del desdén de la burocracia. Porque no hay duda que en los sexenios pasados desde el Seguro Social, pasando por el ISSSTE y el Seguro Popular, se amasaron bajo el padrinazgo político enormes fortunas al amparo del dolor ajeno. Pero ya se cumplió el primer año del gobierno de la Cuarta Transformación y ninguno de los hombres o mujeres a los que el presidente Andrés Manuel López Obrador les encomendó el Sistema Nacional de Salud pueden todavía dar un parte satisfactorio. Se respira desorden, inexperiencia y falta de estrategia. Todo se presume corrupto –que en algunos casos para nada es descartable-, todo es siembra de dudas, lentitud en la tramitología, pero al mismo tiempo freno a las compras, ineptitud para surtir con nuevos proveedores y no se diga el desabasto, que cala en los rostros de padres desesperados e hijos dolientes, muchos en la antesala de la muerte. Se entiende que hay que cambiar el sistema, que es también necesario modificar los procedimientos, pero no cancelando de tajo todo lo existente, so pena de que los enfermos paguen las consecuencias. Se repitió lo sucedido con las estancias infantiles. Primero pegamos y luego averiguamos. Tomen como ejemplo el caso de Pisa, el mayor de los fabricantes de medicamentos oncológicos de México y parte de Grupo Pisa, un conglomerado empresarial con 75 años de historia y que da empleo a 20 mil mexicanos en 16 plantas que producen y distribuyen mil 500 productos. Pues ahí está que en el segundo semestre del 2019 la Cofepris ordenó la suspensión de la fabricación y comercialización de medicamentos contra el cáncer, tanto los que se vendía de forma directa como los que se comercializaban a tavés de su filial SAFE. Los detalles de esa suspensión están en el Acta de Verificación Sanitaria 19-MF-3309-01748-MO de fecha 6 de mayo de 2019. Suspendiéndose la fabricación y distribución del metotrexato, hasta que esa autoridad lo determinara. En seguimiento a esa suspensión, el 18 de junio la Cofepris ratificó la suspensión y ordenó el bloqueo de casi 17 mil medicamentos oncológicos y el retiro de lo que existiera en el mercado, en un plazo no mayor de 15 días. Nada se avanzó con Cofepris entre junio y octubre, por lo que en noviembre Prisa notificó al Seguro Social y a la Oficialía Mayor de la Secretaria de Hacienda que porque no se les permitía la producción de metotrexato se daría un desabasto de medicamentos oncológicos. Alguien en el Sistema Nacional de Salud pretendió vender esa notificación como un “boicot” de Pisa, cuando el responsable era la Cofepris. Está claro que en este, como en el caso de las vacunas que continúan almacenadas, alguien está engañando al presidente López Obrador y la bola de nieve crece poniendo en riesgo la vida de miles de pacientes a los que no se les surte el medicamento. Sensato sería que el inquilino de Palacio Nacional convocara a una reunión de emergencia para evaluar esos casos que ya son una herida para el gobierno de la Cuarta Transformación. Que se escuche las voces de los laboratorios y los comercializadores. Que se convoque a los mejores médicos oncólogos. Que se sancione y se cancelen registros a quienes mal operan, pero que se les respeten y se continúe operando con quienes demuestren que lo tienen todo en regla. Sin embargo, esas voces no pueden ser solo las de quienes manejan el Sector Salud, porque a estas alturas ya se respira la sensación de que están infiltrados algunos intereses que buscan desplazar a algunos beneficiarios para instalar a los suyos. La industria farmacéutica nacional tiene décadas forjándose, dando empleo a decenas de miles de mexicanos, y sería lamentable que por conflictos personales o ideológicos la destruyeran para favorecer todavía más a los laboratorios extranjeros. Comencemos por ponerle lupa a la Cofeprís. A lo mejor ahí detectamos el cáncer.