5 de julio 2022

7 de junio 2022

¡Que alguien me explique!

El Presidente anda crecido

Una cosa es que presidente se sienta legítimamente crecido por la victoria electoral y otra muy distinta que esa euforia se traslade a otros ámbitos en los que podría causar daños incalculables al país

Por Ramón Alberto Garza

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El presidente Andrés Manuel López Obrador anda crecido, sobrado y eufórico. No es para menos.

“Haigan sido como haigan sido”, las victorias de Morena en la renovación de seis gubernaturas le suman cuatro estados al mapa político mexicano en el que ya domina, y por mucho, el color guinda.

Hasta ahí es entendible que su discurso sea el de “Se los dije, el pueblo bueno y sabio está conmigo”. Y sin duda la ausencia de una Oposición a la altura abona ese triunfalista discurso presidencial.

Pero una cosa es que el inquilino de Palacio Nacional se sienta legítimamente crecido por la victoria electoral y otra muy distinta que esa euforia se traslade a otros ámbitos en los que podría causar daños incalculables al país. La frontera entre el sentirse sobrado y transitar a la soberbia es nada.

Eso se dejó en claro en La Mañanera de ayer lunes, cuando después de festejar la victoria morenista asumió la agenda de la Cumbre de la Américas, confirmando que no asistirá. En su lugar va el canciller Marcelo Ebrard.

Pero el anuncio no quedó ahí. Exculpando al presidente Joe Biden, el mandatario mexicano se lanzó contra el Partido Republicano y contra los líderes de la comunidad cubana en el exilio. “No todos”, aclaró.

Lo curioso es que el reclamo de que no fueron invitados a esa cumbre Cuba, Venezuela y Nicaragua carece de sentido. Los tres jefes de Estado -o debemos decir dictadores- de esas naciones ya habían dicho que aún con invitación no asistirían. ¿Qué sentido tiene hacerle al abogado gratuito de alguien que no quiere ser defendido?

Pero en otros frentes, el de los negocios, el presidente López Obrador está operando horas extras para salvar a la empresa Altán, la que fue creada por este gobierno para ejecutar el gran proyecto de Internet Para Todos, hoy atorado.

Y aquí se está despertando un nuevo conflicto entre México y Estados Unidos, porque resulta que fuera de la Banca del gobierno -Banobras, Nafinsa y Bancomext- la gran salvación de este emproblemado proyecto será un crédito de China Bank Corporation de la mano de proveedores, también chinos, como Huawei.

Y eso significará, sin duda, que la infraestructura de 5G para la nueva generación de Internet en nuestro país será dominada por los chinos. No solo con su apuesta en el rescate de Altán, sino también con Telcel, de Carlos Slim, que se está reinventando desde la misma plataforma china.

Ya en distintas visitas, personeros del gobierno norteamericano hicieron ver a sus contrapartes mexicanos el peligro que, para la seguridad del hemisferio, significaría que China fuera la dueña de la infraestructura tecnológica de nueva generación en un vecino tan cercano como México.

Si a esas pesadillas tecnológicas se le suman los reportes de que, a la par de las importaciones de Estados Unidos del 67 por ciento de las gasolinas y el 62 por ciento del gas natural, estaremos importando este año de escasez global el 78 por ciento del arroz, el 55 por ciento del trigo, el 39 por ciento del maíz y el 94 por ciento de la soya, vamos entendiendo el tamaño del enojo norteamericano.

Si con esa dependencia que tenemos de la nación a la que le vamos a estropear un evento continental, por defender a tres dictadores que ni quieren ser defendidos, imaginarán cómo están en los altos círculos políticos y empresariales norteamericanos por el desaire lopezobradorista.

Súmele al desafío tecnológico chino y a la dependencia energética y alimentaria de los Estados Unidos, el creciente envío de drogas sintéticas, como el Fentanilo, con todas las implicaciones de la protección que se le da al crimen organizado desde el gobierno de la Cuarta Transformación, y las condiciones están dadas para que, lo que hoy es un simple extrañamiento diplomático, escale muy pronto a niveles peligrosos en una relación que se exige cercana y abierta.

Por eso preocupa que el presidente López Obrador ande crecido de ánimos. Nada vale la presunción de la victoria electoral frente a la contaminación que ese triunfalismo está generando en la relación actual, y futura, con nuestro principal socio comercial, financiero, energético y alimentario. Una dosis de humildad no le sobraría al Señor Presidente.

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