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07 de Febrero del 2019

El “penthouse”

Salieron a desgarrarse las vestiduras quienes creyeron que la Secretaria de Gobernación tenía un pecado de ocultamiento de un departamento en Houston en su declaración patrimonial. Sin embargo lo que se asoma detrás de este desliz es la urgencia que algunos tienen de desacreditar a aquellos que acompañan al presidente Andrés Manuel López Obrador en su ruta hacia la Cuarta Transformación
Salieron a desgarrarse las vestiduras quienes creyeron que la Secretaria de Gobernación tenía un pecado de ocultamiento de un departamento en Houston en su declaración patrimonial. Es un departamento de dos recámaras, con un precio de 500 mil dólares, que para los estándares de aquella ciudad texana no calificaría pomposamente como “penthouse”. Pero había que ponerle el sello de fifí. Al final del día, no existió ningún ocultamiento de la ex ministra Olga Sánchez Cordero. Ella en tiempo y forma presentó su declaración, en la que siempre figuró el llamado “penthouse” que ella y su esposo adquireron desde el 2009. Pero algún error involuntario, que no intencional, la Secretaría de la Función Pública omitió el “penthouse” cuando reveló los detalles de la declaración patrimonial de la ahora inquilina de Bucareli. Con la elegancia y la sobriedad que la caracteriza, la secretaria de Gobernación no titubeó ni un minuto para salir a dar cara y explicar lo que ella sí había cumplido, pero que nadie, de ningún medio, le preguntó antes de publicar lo que acabó como una imprecisa información. Sánchez Cordero no es de familia con patrimonio improvisado, mucho menos de origen dudoso. Los 100 años de trabajo conjunto que suman ella y su esposo Eduardo en su desempeño profesional, lo mismo como magistrada o como notarios ambos, dan para eso y mas. Si una profesionista exitosa no puede a sus 75 años de edad disfrutar de lo que con su esfuerzo cosechó, vivimos entonces en un país torcido en el que el éxito es flagelado y la miseria o la pobreza premiadas. Sin embargo lo que se asoma detrás de este desliz es la urgencia que algunos tienen de desacreditar a aquellos que acompañan al presidente Andrés Manuel López Obrador en su ruta hacia la Cuarta Transformación. En un lado están los detractores del nuevo gobierno, los que sienten trastocados sus intereses, y que buscan instalar al lopezobradorismo en la casilla de “más de lo mismo”. Bajarle la guardia a su “honestidad valiente”. En el otro lado está el llamado “fuego amigo”, el de aquellos que siendo perredistas o morenistas de origen, no ven con simpatía que apellidos como Sánchez Cordero, Romo, Durazo, Moctezuma, Scherer o Clouthier, por citar algunos, sean ahora abanderados en la primera fila de la Cuarta Transformación. Algunos radicales quisieran verlos fuera, para instalarse ellos en lo que sienten que por derecho de antigüedad les pertenece. Y atacan por la ruta del descrédito o por el cansancio que provoca la confrontación estéril. Quieren que renuncien. Es muy lamentable que a solo 60 días de instalado el nuevo gobierno, las polarizaciones lejos de cicatrizar se radicalicen todavía mas, con ataques que buscan que algunos avienten el arpa. Los hombres y las mujeres mas allegadas al presidente López Obrador están obligados a cerrar filas, si aspiran a que remotamente les vaya decorosamente en un cambio tan monumental, que exige unidad, no discordia. Suficientes son los adversarios que desde afuera buscan torpedear la Cuarta Transformación como para abonarle también su dosis de “fuego amigo”.