16 de mayo 2021

26 de abril 2021

¡Que alguien me explique!

El momento del no retorno

Muñoz Ledo se unió con su histórica intervención a la cada vez más creciente lista de hombres de la izquierda que solían apoyar a López Obrador y su Cuarta Transformación, pero desertaron

Por Ramón Alberto Garza

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“Morena ha roto el orden democrático”… “y me opondré con todo mi carácter a una violación tan flagrante, innecesaria y reversible a la Constitución”.

La severa sentencia no le pertenece a un político, empresario o intelectual antagónico a Andrés Manuel López Obrador y a su gobierno de la Cuarta Transformación.

Es una seria advertencia del diputado morenista Porfirio Muñoz Ledo, el legislador que cuando habla todos guardan silencio para escucharlo.

Las denuncias de Muñoz Ledo, buscando frenar el golpe legislativo para ampliarle dos años el periodo al presidente de la Suprema Corte, sacudieron el pasado jueves tanto por la dimensión de la crítica como por el valor de quien las hizo.

“Me opongo, con toda la fuerza y convicción de mi ser, con todo el esfuerzo memorioso que hemos hecho desde 1988 para instaurar en el país un orden democrático y no una República autoritaria, a este insensato proyecto de violar la Constitución Política del país”.

Muñoz Ledo no es un legislador más. Ícono de la política mexicana desde los años 70, es -a la par de la priista Beatriz Paredes y del emecista Dante Delgado- el mejor tribuno legislativo de las últimas décadas.

Histórica fue su irrupción el primero de septiembre de 1988 a la lectura del último informe presidencial de Miguel de la Madrid en el que, a voz en cuello, en pleno recinto legislativo, recriminó lo que consideraba el fraude electoral que instaló en la presidencia a Carlos Salinas de Gortari. Era la primera desobediencia, en abierta insurrección, de un legislador.

Siempre al lado de López Obrador en su proyecto para alcanzar la presidencia de la República, a Muñoz Ledo le correspondió el privilegio -o quizás la califique hoy como desgracia- de ser quien le impusiera la banda presidencial a López Obrador. No se le puede acusar ni de fifí, ni de conservador, mucho menos de enemigo del cambio.

Pero la ingratitud presidencial a sus críticas constantes al gobierno de la Cuarta Transformación y a su partido, Morena, le valieron que lo bloquearan en su intento por continuar presidiendo la Cámara, primero, y a que buscara la presidencia de su partido, después. Está al borde de renunciar a Morena.

Muñoz Ledo dijo en una prolongada sesión legislativa, en la que se debatió el caso del ministro Arturo Saldívar: “Lo que más me duele y lo que más me hiere es la violación de mis compañeros de partido, herederos ya no diría legítimos, yo creo que ya son ilegítimos, del movimiento que iniciamos”.

Y lanzó una advertencia enmarcada en la historia. “Lo que está ocurriendo en el país tiene dos visiones: estamos, por una parte, llegando a lo que algunos actores llaman bifurcación de la historia. Este es un momento de no retorno. O nos vamos de un lado o nos vamos del otro. O nos vamos hacia la democracia o nos vamos hacia el autoritarismo”.

Directo, lúcido, Muñoz Ledo transitó con su magistral discurso el umbral de las dos de la madrugada para lanzar una advertencia:

“Eso me preocupa mucho a mí de la posición del Presidente de la República, porque él parece que no quiere que se cumpla el ciclo y adelantarse a su tiempo y dejarnos a los suyos para la próxima administración. ¿Sí? En las épocas del antiguo régimen se llamaba continuismo”.

Muñoz Ledo se unió con su histórica intervención a la cada vez más creciente lista de hombres de la izquierda que solían apoyar a López Obrador y su Cuarta Transformación, pero desertaron.

El intelectual Roger Bartra es otro de ellos, quien en su nuevo libro “Regreso a la Jaula” describe a López Obrador como un conservador ante fenómenos como el feminismo, la moral o la economía, con un manejo que evoca el priismo autoritario del nacionalismo revolucionario que imperó los años sesenta y setenta.

Lo mismo sucede con la periodista y escritora Elena Poniatowska, considerada como una de las seguidoras más célebres de López Obrador, quien censura hoy al presidente al considerar innecesarias y hasta contraproducentes, las conferencias mañaneras.

Poniatowska entró en el círculo de la polémica presidencial cuando dijo que era “un exceso del presidente López Obrador, con tantas mañaneras, es un abuso del poder presidencial obligar a los periodistas que vayan todas las madrugadas a hacer preguntas a modo”.

Quizás por ello el inquilino de Palacio Nacional está instalando una “mediocracia” en su gobierno, designando a miembros de su ayudantía a puestos clave en el SAT, en Energía, Distribución de Medicamentos e Infraestructura Hospitalaria.

López Obrador parece buscar siervos, no de la Nación, sino de sus caprichos y de sus ocurrencias. Nadie como Muñoz Ledo, Bartra y Poniatowska, que tengan la osadía de cuestionarlo o de cambiarle una coma a sus propuestas o iniciativas.

Por eso el discurso de Porfirio Muñoz Ledo debe ser leído y releído. Porque transpira, desde la visión de quien fuera un lopezobradorista, los aires de autocracia, intolerancia y censura que anteceden a lo que será la histórica elección del próximo 6 de junio.

En esas urnas se definirá la ruta de la bifurcación histórica: o se mantiene el régimen democrático o enfilamos hacia la República autoritaria.

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