20 de enero 2022

22 de marzo 2021

¡Que alguien me explique!

El Hombre del Guión

Hombre muy cercano al oído del presidente López Obrador, a Epigmenio Ibarra se le concede una buena parte de la paternidad del discurso mediático del candidato presidencial de Morena, instalado ahora como inquilino de Palacio Nacional

Por Ramón Alberto Garza

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Nadie duda del talento del productor y periodista Epigmenio Ibarra, quien es considerado “El Hombre del Guión” dentro del gobierno de la Cuarta Transformación.

Amigo personal desde hace décadas del presidente Andrés Manuel López Obrador, Epigmenio Ibarra es de sobra reconocido por sus coberturas de guerra en los 80, que incluyeron las de El Salvador, Nicaragua, Colombia y Bosnia-Herzegovina, hasta ser el primer periodista en entrevistar en 1994 al subcomandante Marcos.

Pero su despertar público y su fortuna se dieron con dos telenovelas de antología -Mirada de Mujer y Nada Personal- que instalaron a TV Azteca en abierto desafío a la entonces dominante Televisa.

Desde entonces, Argos Comunicación, la empresa insignia que Ibarra creó con Carlos Payán y Hernán Vera, produce telenovelas no solo para TV Azteca, sino para Cadena Tres e Imagen Televisión en México.

Pero a nivel internacional hace lo mismo para Telemundo, HBO Latinoamérica, Discovery Networks, Disney Channel y Netflix, produciendo contenidos para 45 países.

Hombre muy cercano al oído del presidente López Obrador, a Epigmenio Ibarra se le concede una buena parte de la paternidad del discurso mediático del candidato presidencial de Morena, instalado ahora como inquilino de Palacio Nacional.

Para los operadores en Palacio Nacional, el productor y periodista es quien sopesa e influye en la narrativa sobre la que descansa el discurso presidencial y en general del gobierno de la Cuarta Transformación.

En los momentos más críticos, algún video o entrevista de Epigmenio Ibarra al presidente López Obrador busca sentar las bases para entender, no solo qué se hace, sino lo que está por venir.

Pero esa cercana relación de Argos Comunicación y el gobierno de la Cuarta Transformación entró a cuestionamiento esta semana, cuando desde el portal Latinus, Carlos Loret reveló que Bancomext -el Banco de Comercio Exterior- le otorgó a la empresa de Epigmenio Ibarra un préstamo por 150 millones de pesos en octubre de 2020.

En condiciones normales, nada tendría de extraño. Después de todo, la empresa beneficiada exporta su talento y su trabajo a más de 45 países, generando empleos y divisas a favor de México. Por supuesto que califica.

Pero en el entorno de la crisis de las finanzas públicas, derivadas de la pandemia y considerando la reiterada negativa presidencial para apoyar a medianas y grandes empresas -entre las que calificaría Argos- el préstamo de Bancomext se dibuja como favor personal.

En su mañanera del pasado viernes, el presidente López Obrador salió en defensa de Epigmenio Ibarra y de su préstamo de Bancomext.

“Puede ser cierto porque Nacional Financiera y Bancomext dan créditos a las empresas y las empresas de Epigmenio tiene la posibilidad de recibir créditos, estos 150 millones…

“Epigmenio es un periodista honesto, que seguramente tiene molestos a los de la mafia del poder…”.

Epigmenio Ibarra también salió a dar la cara para confirmar el préstamo, justificando que todo se hizo de acuerdo a los procesos de Bancomext. Y retó a Carlos Loret a revelar quién o quiénes financian su portal Latinus.

“Desde este mismo momento pongo a disposición de las autoridades correspondientes los documentos que amparan el crédito mencionado. Por último, la sociedad también tiene derecho a saber qué dineros mueven a quienes, como Carlos Loret de Mola nos difaman. Y a preguntar cómo pagan su operación, a quiénes contratan, cuántos empleos formales han creado y mantienen en la actualidad… no tenemos nada de qué avergonzarnos”.

El caso de Epigmenio Ibarra adquiere todavía más relevancia, a la luz de los ataques reiterados que el presidente López Obrador viene asestando a otros medios de comunicación o intelectuales, por recibir beneficios publicitarios o de capacitación con dineros públicos en los sexenios del PRIAN.

Son de sobra debatidos los recurrentes embates que el mandatario dio en La Mañanera contra Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, críticos de las políticas de su gobierno y de su estilo personal de gobernar.

De Krauze exhibió que, durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto, su revista Letras Libres y su productora Clío recibieron beneficios publicitarios y editoriales por más de 119 millones de pesos.

De Aguilar Camín, el presidente exhibió que en los mismos sexenios, la revista Nexos y otras de sus filiales recibieron arriba de 220 millones de pesos por conceptos de comunicación.

¿Es ético quemar en leña verde a las empresas de Krauze y a Aguilar Camín, por sus presupuestos de comunicación con otros gobiernos, mientras que la banca de desarrollo del gobierno lopezobradorista -cerrada para la gran mayoría- se abre para la empresa de quien es considerado el hombre del guion de la Cuarta Transformación?

Y ni qué decir de la denuncia presidencial que reveló un préstamo por 100 millones de dólares que en el sexenio de Peña Nieto le otorgó Nafinsa al periódico El Financiero.

El cuestionado discurso presidencial se extiende a los medios impresos, en donde un diario capitalino y uno tabasqueño aparecen en el actual gobierno, con asignaciones presupuestales de publicidad desproporcionadas para el tamaño de sus operaciones.

Lo que se presume en esas decisiones es que en el gobierno de la Cuarta Transformación se cojea del mismo pie del que se acusa a los gobiernos del PRIAN. Se castiga al que opina diferente y se premia al que elogia el guión.

Alguna vez, el presidente José López Portillo, causó conmoción nacional cuando redujo a cero los presupuestos publicitarios de aquellos medios que lo cuestionaban. “No pago para que me peguen”, justificó.

Hoy, con el debate del préstamo de Bancomext a Argos y el favoritismo presupuestal hacia dos o tres medios de filiación lopezobradorista, el presidente López Obrador parece responder con el otro lado del mensaje: “Pago para que me halaguen”.

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