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22 de Abril del 2020

El gobierno de uno

La visión que se dispersa desde el Palacio Nacional no incluye opiniones ni de legisladores, gobernadores, empresarios, académicos o analistas.
No puede el líder de una nación sostener una política de “aquí no pasa nada”, cuando la salud y la economía del planeta se convulsiona. Tampoco debe ese mandatario vender la esperanza de que todo está fríamente calculado, porque las variables en las que se sostiene la estabilidad económica y política -el futuro de la nación- están en juego. Lo que hizo ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador en La Mañanera, lejos de calmar la ansiedad y la angustia de los mexicanos, las disparó. Su mensaje no fue de ajustar la ruta a los nuevos tiempos del petróleo sin valor, el turismo ausente, las remesas desplomadas y la planta productiva paralizada, sin apoyo alguno para sobrevivir. No existe un solo mandatario en el mundo que no haya diseñado y anunciado un esfuerzo a la medida de su nueva realidad que implique ajustes urgentes, los cambios necesarios para encarar lo que es un quiebre sistémico global. Salvo en México, donde nos dicen que aquí no pasa nada. Invocar el coraje de los mexicanos, el rescate de la honestidad y de la buena voluntad y el cuidado de los pobres frente al drama, es elogiable, pero no es suficiente. El barco va rumbo al iceberg y el director no puede fingir –tocando con su orquesta una dulce melodía- que todo va a estar bien. El presidente López Obrador dice que en esta mega crisis petrolera bastará cerrar unas válvulas de los nuevos pozos para frenar la producción. ¿Y las exportaciones que se pierden porque desde la semana pasada los árabes nos están ganando los clientes en Asia y en América? Decisiones y políticas de Estado de semejante magnitud, que nos impactarán en las generaciones por venir, no pueden asumirse desde la mayoría de uno. Si de verdad el presidente López Obrador jura que asume sus decisiones confiando siempre en los que saben, en los científicos, ¿por qué no aparecen en escena esos expertos económicos y financieros con quienes rebota sus ideas frente a la crisis? En La Mañanera de ayer, cuando por primera vez en la Historia del planeta el crudo cotiza negativo y se anuncia la crítica Fase 3 de la pandemia en México, el mandatario se hace presente con un peculiar elenco. El Canciller, los secretarios de Educación y Salud, los de la Defensa y Marina, el director del Seguro Social y el jefe sanitario de la contingencia. ¿Dónde están en escena los expertos de la economía, las finanzas y el crecimiento para escuchar –como lo hacemos diario con el epidemiólogo- sus recetas para enfrentar la contingencia económica? ¿Por qué en ese púlpito nacional no aparecen las figuras ni del jefe de la Oficina de la Presidencia –a quien responsabilizó del crecimiento económico- ni el secretario de Hacienda? Debe ser muy difícil, casi imposible, para cualquier experto intentar conciliar las medidas urgentes y dolorosas que la realidad demanda, con la visión particular de quien se resiste a modificar la ruta trazada para tiempos sin tormenta. Si el inquilino de Palacio Nacional dice que escucha siempre a los expertos, a los que saben, ¿podría en una Mañanera llevar a sus economistas y financieros, quienes sean los que hoy le validan su plan, para que uno a uno le expliquen a México la ruta por la que transitaremos en esta crisis? La visión que se dispersa desde el Palacio Nacional no incluye opiniones ni de legisladores, gobernadores, empresarios, académicos o analistas. Hasta ahora, el presidente López Obrador no ha tenido el tiempo para reunirse con ellos durante la crisis, al menos para escucharlos. No hay que olvidar que muchos de ellos también fueron electos por sus ciudadanos. Pero hoy la República está silenciada. Y lo que esta crisis viene a confirmar es que en las decisiones cruciales, en México está operando el gobierno de uno.