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21 de Agosto del 2018

El “Elbazo”

Elba Esther Gordillo está de regreso. La Maestra retoma el poder en el sindicato más importante de América Latina en un momento en el que sus enemigos están de salida y en el que se instala un nuevo gobierno que da por muerta la Reforma Educativa.

La Maestra está de vuelta. Y regresa por la puerta grande de la reivindicación como líder suprema del magisterio nacional.

Su resurrección está en curso, justo en el momento en que está por inaugurarse una nueva era política en México, con un gobierno de rostro social que abandera Andrés Manuel López Obrador.

Elba Esther Gordillo reapareció en público ayer lunes, por primera vez desde que fue liberada, en una evento mediático en el que acusó recibo de una persecución política. Pero ni voltear para atrás. Lo que sigue.

La sentencia se resume en una frase de su discurso pronunciado en el simbólico primer día del nuevo año escolar: "Recuperé la libertad y la reforma educativa se ha derrumbado. Deseo que este momento marque el futuro de mi vida, el de mis anhelos y el de mis esperanzas".

Su discurso parecía el de una líder dispuesta a pactar, a refundar al magisterio nacional desde las exigencias que le marcan los nuevos tiempos. Renovarse o morir.

Está claro que aunque lo intentaron, a La Maestra “no la mataron”. La salida entonces es la renovación, pero siempre con las preguntas a cuestas: ¿Quién operó su liberación?, ¿Quien le está abriendo las puertas a su reivindicación? y ¿Qué papel jugará en el nuevo gobierno morenista?

No hay que olvidar que la detención de Elba Esther en febrero del 2013 fue producto de su resistencia para apoyar la llamada Reforma Educativa, tal como se planteaba.

Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray convencieron al presidente Enrique Peña Nieto que frente a la falta de lealtad de la lideresa, se le detuviera bajo los cargos de lavado de dinero. Cinco años después no los pudieron sostener.

La Maestra nunca imaginó aquella detención, considerando que su activismo político al regresar a las filas del PRI fue clave para que Peña Nieto llegara a Los Pinos. Por eso la calificó de traición.

Cinco años después fue liberada. ¿Gestión de Peña Nieto para no cargar con aquella traición?¿O pacto entre el gobierno entrante y el saliente para suavizar la relación con el intranquilo magisterio?

La mudanza de La Maestra para apoyar a López Obrador es clara en su discurso del lunes: “La larga etapa de encierro fue también de un duro y profundo aprendizaje. Sin duda cambié, cambiamos todos, Cambió el país”.

El cambio fue evidente para quienes vieron el nuevo rostro de Elba Esther. Rejuvenecida, sin las huellas del cansancio que mostraba en sus confesionales ante los jueces. Vuelta a nacer y con renovados bríos.

Y el cierre de su perdón, más no el olvido, para quienes la villanizaron después de que los apoyó en su llegada al poder, se resume en un dicho: “La dura prueba a la que fui sometida cambió también y golpeó a mi familia”. La Ley de la Omertá fue violentada.

¿Cuáles serían los rostros de Osorio Chong y de Videgaray cuando veían en televisión el resurrección de La Maestra, a la que hace cinco años dieron por sepultada.

Ni que decir del pronunciamiento de López Obrador ante Peña Nieto, a quien en su reunión horas después de la reaparición de Elba Esther, el morenista pidió al presidente en funciones respetarle a la lideresa su derecho de participación.

Al final el punto de coincidencia entre el presidente electo y la reaparecida. Para La Maestra, la reforma educativa se ha derrumbado. Para López Obrador, la reforma educativa se cancelará, esta muerta.

Que modifique pues las esquelas. Los vivos, están muertos. Y los muertos, volvieron a la vida.