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17 de Septiembre del 2018

El Año de Hidalgo

Cuando los priistas creían que la afrenta para Osorio Chong ya estaba saldada, vino la renovación de cuadros del PRI
Hay entre los priistas un desconcierto que raya en indignación, porque sienten que lo poco que quedó del naufragio del PRI ya se le escrituró al llamado Grupo Hidalgo. Las designaciones de Jorge Márquez, Paloma Guillén, Reyes Baeza y Graciela Ortiz como nuevos integrantes del comité ejecutivo nacional tricolor respaldan lo dicho. El elenco lo integran personajes cercanos a Miguel Angel Osorio Chong, quien como secretario de Gobernación entregó muy malas cuentas a su jefe, el presidente Enrique Peña Nieto. Su saldo en la estrategia de combate al crimen organizado, en la primera secretaría de Gobernación que absorbió la secretaría de Seguridad Pública, fue un desastre. Las cifras récord de homicidios, robos, ordeñas de ductos, dan fe de que el actual sexenio está rindiendo de salida peores cuentas que las heredadas por el panista Felipe Calderón. El trabajo político desde Bucareli se hizo a contracorriente del PRI. La urgencia de Osorio Chong de sacar del juego presidencial a Manlio Fabio Beltrones, lo instaló como un padrino y cómplice de los candidatos de oposición que derrotaron al PRI en Quintana Roo, Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua y Durango. Cuando el sexenio comenzó, de los cinco estados clave –Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León, Jalisco, Puebla y Veracruz- cuatro estaban en manos del PRI y dos en la oposición. Seis años después, solo el Estado de México se mantiene como el único bastión rentable y refugiable para el llamado Grupo Atlacomulco. Por si eso fuera poco, la sombra de Osorio Chong se asoma  en los dos mayores escándalos de corrupción del sexenio: Odebrecht y La Estafa Maestra. En los sobornos de la constructora brasileña, si algún día se conocen los detalles resguardados hoy bajo siete llaves, se verá que la presunción es que mayoría de esos 10 millones de dólares fueron enviados a la campaña presidencial del 2012. Pero hay quienes advierten que esos dineros nunca llegaron a su destino. Se habrían “atorado” en una cuenta de personajes afines al financiero de la campaña, que era Osorio Chong. Y en la llamada Estafa Maestra, la de los dos mil 100 millones extraídos a la Sedesol y a la Sedatu, el estado de Hidalgo, el que antes de llegar a Bucareli gobernó Osorio Chong, juega un papel crucial para saquear tan descaradamente al Erario federal. Pero la cereza del pastel en su operación a contracorriente del PRI la dio Osorio Chong cuando en un arrebato tras no ser el candidato presidencial, entregó el Partido Encuentro Social (PES) que apadrinó desde el arranque del sexenio, a los brazos de Morena. Su enfado creció todavía mas cuando no se le colocó en el primer sitio de los aspirantes plurinominales al Senado. Y ofendido por lo que consideraba tanta humillación, fue a exigir airadamente a Los Pinos el liderazgo de la magra fracción tricolor en el Senado, una posición que por calidad moral y respeto merecía Beatriz Paredes. Pero cuando los priistas creían que la afrenta para Osorio Chong ya estaba saldada con tantas y tan inmerecidas deferencias, vino la renovación de cuadros del PRI. Y en las posiciones clave del partido que liderea Claudia Ruiz Massieu fueron instalados personajes que durante el sexenio se ubicaron como subalternos u operadores de quien fuera el inquilino de Bucareli. La única explicación que encuentran los indignados priistas  es que el llamado Grupo Hidalgo es hoy el que tiene los recursos suficientes para fondear al debilitado partido. Sea como fuere, el fallido Osorio Chong gana terreno. Y está claro que en este último año del sexenio peñista ahora sí estamos viviendo el verdadero Año de Hidalgo.