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30 de Julio del 2019

El aeropuerto de Fox

Mientras se desgarran las vestiduras ante la suspensión del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México o sobre la viabilidad de la opción de Santa Lucía, pocos parecen recordar la última terminal inaugurada en la capital del país.
Mientras se desgarran las vestiduras ante la suspensión del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México o sobre la viabilidad o no de la opción de Santa Lucía, pocos reparan en la última terminal inaugurada en la ciudad capital: el aeropuerto de Fox. Cuando en el 2005 fue iniciada la llamada Terminal 2 que acabó destinada a Aeroméxico y Delta, se dijo que aunque era un paliativo ante el fracaso de la construcción del nuevo aeropuerto en Atenco, se remediaría la escasez de slots para dar servicio al creciente número de vuelos nacionales e internacionales. Desde su origen la Terminal 2 del actual aeropuerto capitalino fue cuestionada por el diseño, pero sobre todo por una baja calidad de la obra que, se dijo desde entonces, exigía un alto mantenimiento y no resistiría el paso de los años. Pues los años se vinieron encima -no muchos, apenas 11 años desde que la inauguró en 2008 Felipe Calderón. Pero esa anunciada entonces como modernísima edificación se convirtió en todo lo que no se debe hacer al construir una terminal aérea de clase mundial. Y hoy, con el nuevo aeropuerto cancelado y Santa Lucía en el aire, los defectos de la Terminal 2 emergen por todos lados, presagiando una crisis que si no se atiende a tiempo, colapsará. De arranque existe una macro falla estructural que está desfasando desde el acceso a la terminal hasta los niveles de las salas de espera, porque el espacioso inmueble fue construido en dos fases, con distintas especificaciones. Los pilotes para anclar la fase uno alcanzaron los 30 metros de profundidad, que era lo correcto, mientras que los de la segunda fase apenas alcanzaron los 18 metros. El resultado hoy es que una amplia sección de la Terminal 2 se está hundiendo y aunque se disimule con rampas desde el área de desembarque de pasajeros, pasando por el traslado a las salas de espera, esas rampas ya no dan para más.  Esos hundimientos por supuesto que están propiciando otros problemas, como el quiebre de los drenajes sanitarios que tienen que ser reacondicionados cada año. El resultado es el féticdo olor a excremento que se respira en algunas entradas y salidas de la Terminal 2. Ni qué decir de la cantidad y la calidad de los servicios sanitarios, que distan mucho de ser calificados como suficientes y adecuados para un aeropuerto del nivel que debería ser el de la Ciudad de México. Para colmo abundan espacios dedicados a instalar tiendas o duty frees que están abandonados y que no se pueden ocupar por nuevos comercios, porque existe una disputa legal que lleva largos años. El resultado final es que aquella nueva terminal que se anunció en el sexenio foxista como obra magistral, a la que muy poco o nada se le mejoró en los sexenio de Calderón y Peña Nieto, está por colapsar. Por fortuna, desde la Secretaría de Comunicaciones y Transportes de la 4T ya se lanzó la alerta roja, tanto por el subresecretario Carlos Morán Moguel como  por el director del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Miguel Peláez. Y con el beneplácito acelerado del secretario Javier Jiménez Espriú se arrancará una remodelación profunda de esa Terminal 2 para instalarla  en la categoría de clase mundial. Se estima que a más tardar en seis meses la Terminal 2 lucirá no solo un nuevo rostro, sino una fortalecida estructura que impida nuevos hundimientos y una ampliación de la oferta de slots para elevar la recepción de vuelos. Porque mientras se decide el arranque de Santa Lucía, o de cualquier otra alternativa aeroportuaria, lo que hay no se puede abandonar y mucho menos dejarlo colapsar. Sería el caos. Así que la próxima vez que el expresidente Vicente Fox salga a cuestionar la cancelación del nuevo aeropuerto o el proyecto de Santa Lucía, solo habrá que recordarle la herencia que dejó: el segundo mayor desfalco de su sexenio, después de la fantasmagórica Enciclomedia.