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12 de Julio del 2018

El eclipse del Sol Azteca

El PRD, el partido que alguna vez reunió a casi toda la izquierda mexicana, está al borde del colapso. Casi pierden el registro y su representación en el Congreso será mínima
Si algún partido político pagó en las elecciones presidenciales el precio de todos sus pecados acumulados, ese fue el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Tan severa fue su debacle, que estuvieron a nada de no alcanzar el tres por ciento y con ello perder su registro. De ese tamaño fue la hecatombe. Lo más significativo es que perdieron la Ciudad de México, la  joya de la corona desde que en 1997 su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, se convirtió en el primer jefe de gobierno no priista. Desde entonces Cárdenas, López Obrador, Ebrard y Mancera dominaron la escena en el Sol Azteca.Hoy, de los cuatro, ninguno milita en el PRD. Cárdenas y Ebrard están en lo afectos de “ya saben quien”. Mancera en el limbo. Y López Obrador, desde Morena, despachará ya como presidente. El origen del cataclismo perredista se ubica en que sus líderes traicionaron, una y otra vez, los principios que rigieron su creación. Sexenio tras sexenio, en la rapiña del poder, sus tribus se desgastaron en sórdidas disputas de privilegios y canonjías, hasta que los llamados Chuchos –Ortega y Zambrano- se escrituraron el partido. Y acabaron de la mano del PRI, como comparsas reformistas,temerosos de que Morena y el liderazgo de López Obrador los borrara del mapa. Sus horribles pesadillas se les cumplieron el primero de julio pasado. Y para rematar, le copiaron al PRI y al PAN sus excesos, intentando imponer la candidatura de Alejandra Barrales, quien igual que Roberto Madrazo en 2006 y Ricardo Anaya en 2018, aprovechó su calidad de presidente del partido para imponerse la boleta. Los tres fracasaron. Ya en el colmo de la desesperación, el PRD de los Chuchos y Barrales acabó pactando con el PAN y con Movimiento Ciudadano la coalición 2018. Anaya y el PAN en la candidatura presidencial, a cambio de apoyar al PRD y a Barrales para retener la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. El resultado fue otro desastre, todavía mayor. Si hace seis años con López Obrador lograron 10.9 millones de votos en la elección presidencial (22.27 por ciento) , ahora apenas alcanzaron 1.3 millones (2.87 por ciento). Volaron 9.5 millones, mayoritariamente a Morena. En la Ciudad de México la fractura se convirtió en quiebre. De los 3 millones de votos con los que el PRD ganó con Mancera en 2012, solo 1.5 fueron para la perredista Barrales. Los otros dos millones se los llevó la morenista Claudia Sheinbaum. Y lo mismo sucedió en las Cámaras. De 100 diputaciones que lograron en la elección del 2012,  56 de mayoría y 44 plurinominales, ahora apenas tendrán 21, solo 9 de mayoría y 12 plurinominales. Catástrofe. Y en el Senado, de 22 escaños que ganaron en el 2012, 16 de mayoría y 6 plurinominales, ahora apenas tendrán ocho en total, seis de mayoría y dos plurinominales. Lo que reflejan esos números, junto con los de su aliado el PAN, es que la coalición Al Frente por México fue un pésimo negocio para los dos partidos. Homogenizaron sus fallas, fueron incapaces de capitalizar el hartazgo hacia el PRI-Gobierno y los electores se les fueron  por millones a consolidar a Morena. Por eso al igual que en el PAN de Anaya y sus acólitos, ni Alejandra Barrales ni los Chuchos tienen derecho a reclamar la refundación del PRD. Porque en política aquellos que son los sepultureros, difícilmente serán los redentores.Tienen que pasar a pagar la factura en el panteón del olvido.