5 de julio 2022

14 de junio 2022

¡Que alguien me explique!

Ebrard-Monreal, ¿en dupla 2024?

¿Qué sucedería si el Movimiento Naranja, o el PAN, o los dos juntos, acaban postulando a Ebrard para la presidencia y a Monreal para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México?

Por Ramón Alberto Garza

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El mensaje presidencial no pudo ser más claro en el Estado de México: Ricardo Monreal está fuera del juego sucesorio del 2024. Al menos para Morena.

El acto organizado en Toluca por el presidente del Partido en el Poder, Mario Delgado, legitimó solo a tres “corcholatas”: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López.

Ni por asomo, el líder de la bancada de Morena en el Senado fue convocado por la dirigencia de su partido. Y si fue invitado, sabía que no sería actor de primera fila. En política, forma es fondo. Mejor no prestarse al desaire o al desfiguro.

Lo cierto es que, desde hace meses, el gran elector morenista, Andrés Manuel López Obrador, decidió dejar fuera de la jugada sucesoria al zacatecano.

Alguien le llevó información, cierta o falsa, de que Monreal ya estaba sentado en la mesa pactando alianzas con algunos partidos opositores a Morena, para garantizar su lugar en la boleta de la elección presidencial.

Y que algunos empresarios de los que hoy son considerados enemigos de la 4T le estaban ya cabildeando una candidatura conjunta, dentro del llamado bloque opositor -PAN, PRI, PRD- o cuando menos de la dupla PAN-PRD o incluso en solitario con Movimiento Ciudadano.

Bajo circunstancias normales y después del desaire de Toluca, Monreal tendría que estar ya renunciando a la jefatura de su bancada en el Senado. Pero sabe medir sus tiempos y sus fuerzas.

Buscará prolongar su liderazgo legislativo morenista, aunque el que tiene la última palabra lo desprecie y lo ningunee. Monreal sabe que la política es el arte de ser equilibrista sobre un cable siempre tenso y, por lo general, sin malla de seguridad.

El zacatecano no pudo evitar el ‘sospechosismo’ presidencial de que fue su clan político de la Ciudad de México, el que operó para que Morena perdiera en 2021 la mitad de la ciudad capital. Claudia Sheinbaum pudo sacudirse la responsabilidad de la derrota, vendiéndolo bien en Palacio Nacional, como el chivo expiatorio de la gran derrota.

Lo que ya es inevitable es que Monreal deberá, más temprano que tarde, abrir su juego y asumir definiciones para sacarle provecho al enorme capital político que acumula desde que se inició en el PRI, pasó al PRD, luego al PT, Movimiento Ciudadano y ahora en Morena.

Y aunque su ausencia fue sobradamente notoria en el acto morenista de Toluca, también existieron otras presencias que dieron mucho de qué hablar.

O que dicen de la actitud de Marcelo Ebrard, quien al no sentirse tan arropado como Sheinbaum o Adán Augusto, optó por retirarse cuando Mario Delgado estaba dando el discurso de la unidad. El mensaje fue claro. La sombra de Morena no cobija a todos por igual. Hay de “corcholatas” a “corcholatas”.

Tampoco es un secreto que el todavía Canciller ya está sentado a la mesa de Movimiento Ciudadano, acabando de negociar con Dante Delgado las condiciones de su posible candidatura 2024.

No hay que olvidar que las relaciones entre Ebrard y Dante Delgado vienen fortalecidas desde finales de los 80 y principios de los 90.

El ahora canciller era entonces segundo de abordo de Manuel Camacho, en la regencia del Distrito Federal, y Dante despachaba como uno de los dos poderosos subsecretarios de Fernando Gutiérrez Barrios, entonces secretario de Gobernación. El otro era Manlio Fabio Beltrones.

Y de la inclusión de Monreal como dupla, solo hay que recordar que de 2012 a 2015 fue diputado federal por Movimiento Ciudadano, antes de que se creara Morena. Ya vistió el uniforme naranja.

No es difícil entonces ver a Ebrard y a Monreal sentados en la mesa con el fundador de Movimiento Ciudadano, diseñando una estrategia sorpresa para concretar un proyecto político creíble para hacerle frente a lo que hoy se ve como una imbatible Morena.

¿Qué sucedería si el Movimiento Naranja, o el PAN, o los dos juntos, acaban postulando a Ebrard para la presidencia y a Monreal para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México?

Curioso que, a ambos personajes, hoy todavía morenistas, López Obrador les falló en sus pactos. A Ebrard le había prometido que, si se retiraba de la contienda en 2012, el hoy canciller sería el candidato del 2018. No sucedió así. Y a Monreal, para atraerlo a las filas morenistas, le prometió la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Tampoco le cumplió. Sheinbaum fue la elegida.

Ebrard tiene muchas simpatías desde el centro derecha que son muy  complementarias con las que tiene Monreal hacia el centro izquierda. El común denominador es que ambos son pragmáticos, alejados de la ideologización a ultranza.

Los despreciados de hoy, en Morena, pueden ser mañana los adalides del llamado Frente Opositor, con o sin el PRI, que todavía tendrá que sobrevivir a su guerra intestina.

Aunque no sobran algunos díscolos que lanzan sobre la mesa la pregunta, cuestionando lo que podría ser esa dupla opositora: ¿Y si toda esa estrategia es un Caballo de Troya?

Jamás hay que olvidar aquella frase célebre de Alfonso Martínez Domínguez: En México, para ser un buen político, no hace falta saber resolver los problemas. Hay que saber crearlos.

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