4 de abril 2020

¡Que alguien me explique!

Domingo, el Día “D”

Lo que el presidente López Obrador plantee a los mexicanos el domingo próximo definirá el rumbo de la Cuarta Transformación. Trazar una nueva ruta desde la unidad y la reconciliación o insistir en defender lo que ya no puedo ser y chocar de contra la realidad.

Por Ramón Alberto Garza

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No es exagerado decir que el presidente Andrés Manuel López Obrador se juega en su mensaje a la Nación del próximo domingo el destino de la Cuarta Transformación.

De lo que anuncie o no, se trazará la ruta que defina si va por un gobierno de unidad y reconciliación –al que él mismo convoca en sus Mañaneras- o uno radicalizado, de confrontación, que acelere un choque de locomotoras. La oficial y la privada.

Lo sensato frente a la crisis sanitaria global, con sus desastrosas secuelas económicas, sería modificar la estrategia original. Como lo están haciendo todos los jefes de Estado del planeta en cada uno de sus países.

Difiriendo, no condonando, el pago de impuestos; abriendo líneas de crédito para apuntalar a las pequeñas y medianas empresas, e incluso algunas grandes que son too big to fail. Aerolíneas, por ejemplo.

Tanto el inquilino de Los Pinos como los líderes empresariales que se reunieron con él el miércoles se muestran optimistas. Cinco horas juntos debieron ser suficientes para entrar en razón sobre los planteamientos de unos y de otros. Pero eso el domingo lo sabremos.

Pero en La Mañanera de ayer el inquilino de Palacio Nacional dio una probadita. Y salió con una sorpresa que va a contracorriente del mundo y de la ortodoxia. A contrapelo del sentido común.

Anunció que parte del dinero rescatado por Hacienda de los oscuros fideicomisos federales –digno de aplauso- se destinará al pago de deuda de México.

A ver, no entendimos. A papá lo despiden de su trabajo, le dan su liquidación llega a casa y anuncia a la familia que ese dinero se usará para pagar la hipoteca de la casa, cuando el Banco ni lo esta exigiendo. Mas aún, el Banco acaba de llamar para ofrecerte nuevo crédito para sortear la crisis. Y si la crisis se prolonga, ¿de dónde saldrá el dinero para comprar la comida y sobrevivir?

Antes de definir su discurso del domingo, el presidente López Obrador tiene que entender cuatro enunciados clave.

 

I.- NADA DE “CRISIS TRANSITORIA”

No estamos ante una “crisis transitoria” como lo declara. Este es el reto sanitario y económico mas severo desde la Gran Depresión de 1929.

Aun si por un milagro México se salvara, su comercio exterior sufrirá porque sus socios comerciales –Estados Unidos y Canadá- tardarán en recuperarse.

Dejarán de importar lo que producimos, dejará de venir turismo, caerá el envió de remesas. No estamos aislados. La pandemia es global. Y contagia también a la genética de los Aztecas.

 

II.- SALVAR A CONTRIBUYENTES

Apoyar transitoriamente a empresas, como fuentes de trabajo, es salvar a millones de contribuyentes mexicanos, que si continúan produciendo –empresas y trabajadores- van a continuar pagando como consumidores los impuestos que el gobierno necesita para funcionar.

 

III.- SOBREVIVIR, NO PAGAR DEUDA

Lo que el sector privado plantea no es otro Fobaproa. Son préstamos, no regalos, se devolverán. Son diferimientos, no condonaciones de impuestos.

Dedicar los fondos y los fideicomisos a pagar la deuda nacional no tiene sentido, mientras existan mexicanos buscando desesperadamente sobrevivir para no cerrar sus empresas, para no perder sus trabajos.

En los próximos tres años no nos va a sobrar dinero. Nos va a faltar. El pronóstico de Hacienda de una caída en la economía del 3.9 por ciento, que no le gustó al presidente, será mayor. La CEPAL ayer pronosticó para México un decrecimiento de al menos un seis por ciento. Si cuando pase la crisis y no hay hambre nos sobra el dinero, entonces pagamos deuda.

 

IV.- LA SUMA DE TODAS LAS CRISIS

El presidente López Obrador tiene que entender que esta es la suma de todas las crisis que hemos vivido hasta hoy en México. De ese tamaño es el reto.

Es la crisis devaluatoria por fuga de capitales de 1976, mas las crisis petrolera de 1982, mas la crisis bursátil de 1987, mas la crisis de deuda –Tesobonos- de 1995, mas la crisis global de 9/11 en el 2001 y también la crisis de la Influenza porcina del 2005. Todas juntas, en un peligroso coctel.

Por eso decimos que lo que el presidente López Obrador plantee a los mexicanos el domingo próximo definirá el rumbo de la Cuarta Transformación.

Trazar una nueva ruta desde la unidad y la reconciliación o insistir en defender lo que ya no puedo ser y chocar de contra la realidad.

Hay que estar atentos, el domingo es el día D.

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