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24 de Septiembre del 2019

Disculpe usted, Señor Guerrillero

Es lamentable que el gobierno de la 4T haya pedido disculpas y rinda homenaje a ex militantes de la Liga Comunista 23 de septiembre, el grupo que asesinó a Eugenio Garza Sada.
Perdón, pero con todo respeto –como suele decir el presidente Andrés Manuel López Obrador en sus Mañaneras- la lógica no da para entender cómo un gobierno le pide perdón a guerrilleros, que inconformes con el sistema  asesinaron y secuestraron a compatriotas mexicanos.   Y esta semana el gobierno de la Cuarta Transformación se la pasó pidiendo disculpas públicas a ex militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre durante los años de la llamada Guerra Sucia.   En Los Pinos, el gobierno entregó el domingo pasado el Premio Nacional Carlos Montemayor a Raúl Florencio Lugo y a Francisco Ornelas, guerrilleros que sobrevivieron al ataque que ellos perpetraron al cuartel militar de Ciudad Madera, en Chihuahua.   Y ayer lunes le ofrecieron una disculpa pública a Martha Alicia Camacho Loaiza, otra militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, quien habría sido torturada también durante la llamada Guerra Sucia.   El marco de esas “premiaciones” se dio casualmente en medio de las desafortunadas declaraciones de Pedro Salmerón, el director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, quien llamó “jóvenes valientes” a quienes victimaron al empresario regiomontano Eugenio Garza Sada.   Insisto en que la lógica no da cuando un gobierno se dedica a exaltar a quienes eligieron el camino de la clandestinidad, tomaron las armas por su cuenta, secuestraron y asesinaron.    La justificación del perdón o la disculpa, es que los gobiernos de los 70 abusaron de la tortura e incluso de la desaparición de esos “jóvenes valientes” cuando fueron tras ellos para frenar y castigar su ilegalidad.   Primero, quienes decidieron salirse de los caminos del orden y la legalidad fueron ellos. Y empuñaron las armas y se fueron a secuestrar personajes para cobrar jugosos rescates y mantener vivo su movimiento.    En el ataque al cuartel militar de Madera, en Chihuahua, ocurrido el 23 de septiembre de 1965, 13 guerrilleros irrumpieron buscando terminar con 125 soldados.   El saldo final fueron 6 soldados muertos y 10 heridos, contra 8 muertos del lado de las filas guerrilleras. ¿Alguien va a reconocer con algún galardón a las 16 familias de soldados que dieron su vida o salieron heridos defendiendo al Estado mexicano?.   De ese ataque emergió el nombre de la Liga Comunista 23 de Septiembre, que en su primer año de vida se atribuyeron 60 acciones armadas, incluyendo seis secuestros, tres asaltos bancarios, 17 asaltos diversos y 29 asesinatos, que incluyeron 15 policías, seis soldados y ocho civiles.   Ellos fueron los que asesinaron en Monterrey a Don Eugenio Garza Sada el 17 de septiembre de 1973 y el 10 de octubre de ese mismo año secuestraron en Guadalajara al empresario Fernando Aranguren y al cónsul británico Duncan Williams.   Se vea por donde se vea, ni secuestrar y mucho menos asesinar a inocentes es el camino en cualquier sociedad que busque el respeto de sus leyes  y una sana convivencia.   Rendir culto a ex guerrilleros que secuestraron y asesinaron militares, empresarios, diplomáticos, policías y ciudadanos, y lancen su queja de que cuando fueron capturados “se les trató mal” es una aberración. Ellos eligieron el camino, ellos tienen que pagar las consecuencias.   Lo más lamentable es que el gobierno de la Cuarta Transformación haga de estos homenajes un culto para tomar la ruta equivocada de darle un pésimo ejemplo a las nuevas generaciones.   ¿Qué sentiría el actual gobierno si sus detractores, cansados de que su dominante partido en el poder no les de los espacios para expresarse como ellos desearían, deciden irse a la clandestinidad tomando las armas para secuestrar o asesinar a sus líderes, buscando la reivindicación a sus causas?   ¿Qué sentirían si en 10 o 20 años otro gobierno sube a un pedestal para premiar y reconocer a quien asesinó a un secretario de Estado o a algún líder ideológico de la causa de la Cuarta Transformación?   Hoy en medio de sus torturas, los ex guerrilleros viven para recibir su “premio” y recibir el “usted disculpe”.    Sus víctimas, militares, empresarios, policías, diplomáticos y ciudadanos, no viven hoy para condenar que se les llame “valientes” a quienes sin motivo alguno les arrebataron la libertad e incluso su vida. ¡Qué bonito país!.