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20 de Agosto del 2019

Diamantina Power

Una piedra se limpia, una vida mancillada o destruida, jamás
Una nueva y poderosa arma fue creada en México y promete ser exportable al resto del mundo. Se trata de “la diamantina” y está probando ser muy eficaz contra feminicidas y todos aquellos que los solapan o protegen. La diamantina es ese polvo de brillo metálico, colorido, que al ser usado o lanzado sobre el cabello o el rostro de una persona lo identifica. Y en el caso de los feminicidas y sus protectores, al exhibirlos los marca de por vida. La diamantina debutó en los últimos días como una expresión natural y una reacción inocua, pero muy efectiva, una expresión viva de la impotencia social para combatir un cáncer que corroe a los mexicanos. El desdén y la impunidad con la que las autoridades de todos los niveles enfrentan este delito de lesa humanidad está desatando esa ola de justificadas protestas, con marchas públicas y manifestaciones de indignación, como el graffiti en edificios y monumentos. No podemos aplaudir, pero tampoco podríamos condenar, el daño al patrimonio nacional simplemente porque el daño infringido a las víctimas y a la sociedad con la protección a los feminicidas y sus cómplices es criminal. Una piedra se limpia, una vida mancillada o destruida, jamás. Por eso la oda a la diamantina como instrumento de lucha. Porque a partir de ahora, en el momento en que cualquier feminicida o funcionario se sienta inmune a sus crímenes de género, aparecerá la diamantina. Será como una marca social que lo acompañará por el resto de sus días, como una lacra que lo exhibirá como violador o como silencioso cómplice de quienes cometen el latrocinio. Quien esté marcado por la diamantina tendrá el epíteto que le recordará a él, a su familia y a la sociedad, su inacción frente al delito. Y no es un asunto de juego. Es un manifiesto mayor si consideramos que en México cada día son asesinadas un promedio de 9 mujeres en actos de violencia de género. Más de 22 mil en lo que fue el último sexenio. La contabilidad supera a los caídos en muchas de las guerras en el mundo. Como sociedad estamos haciendo demasiado poco para alzar la voz y exigir justicia. Fuimos parcos cuando en los 90 emergió el doloroso fenómeno de las muertas de Juárez y esa ausencia de rigor para perseguir y castigar permeó a todo el país. Con la agravante de que entre los más proclives al feminicidio figuran elementos de las policías municipales, de seguridad estatal o incluso uniformados federales. Por eso, la gota que derramó el vaso la semana pasada en muchos rincones del país, con particular reacción en la Ciudad de México, donde las Policías se ven cada día más involucradas en los crímenes de género. Así, aquellos a quienes se debiera recurrir para demandar protección, terminan como depredadores sexuales que al amparo de su uniforme y de su rango someten a sus víctimas sin el mínimo temor al castigo. Su placa los protege. Por eso festejamos la aparición de la diamantina. Porque es desde hoy la expresión más espontánea para señalar a quien se esconde en el poder de su cargo o posición para violentar o proteger delitos de género. En el 2018, decenas de mujeres visibles –actrices, ejecutivas, políticas y luchadoras sociales– sacudieron al mundo con la emergencia del movimiento #MeToo para denunciar a quienes se aprovechaban de su poder para intimidarlas, acosarlas y hasta violarlas. Hoy toca el turno a una nación como México, en donde la apatía de la autoridad para aplicar la ley obliga a las mujeres a tomar la ley de la diamantina por su propia mano. Ojala que más allá de lo que se exhibe en la Ciudad de México, el gobierno de la Cuarta Transformación haga de la lucha contra los feminicidios un bandera tan o más importante que la lucha contra la corrupción. Porque el robo a las arcas nacionales es, hasta cierto punto, reparable… el daño infringido a las mujeres de todas las edades que son ultrajadas, es irreparable.