FACEBOOK

VISTAS
17 de Enero del 2020

Desinflar el ego

Es poco probable que el juicio de impeachment contra Donald Trump termine en su destitución. Sin embargo, siempre es sano para una democracia recordar que ni siquiera el presidente está por encima de la ley.
Sea cual sea la decisión final, siempre será refrescante para una democracia el saber que sus ciudadanos pueden llevar a juicio a su presidente en funciones.   Y el juicio de impeachment que oficialmente inició ayer para evaluar los presuntos abusos de poder y obstrucción de la justicia del jefe supremo de aquella Nación, fue un protocolario ritual político que sin duda desinfló y deprimió al ego más grande del planeta: el de Donald Trump.   Sobre todo cuando no debe ser fácil ver la pompa y la circunstancia de los fiscales del Congreso marchando desde el Capitolio para entregar la petición de su destitución al Senado, en lo que es el tercer juicio de impeachment en la historia de los Estados Unidos.   Las apuestas indican que por la composición republicana del Senado, la petición, hecha mayoritariamente por una cámara de representantes demócrata, será frenada.    No será nada fácil convencer a 20 republicanos de darle la espalda a su cuestionado líder, así hayan jurado que lucharán por la justicia y la imparcialidad.    Sobre todo cuando, horas antes de entregarse al Senado la petición de impeachment, emergieron dos nuevas y reveladoras evidencias que apuntan a reforzar las acusaciones contra el inquilino de la Casa Blanca.   Una, que tras una extensa investigación, la Oficina de Responsabilidades del Gobierno determinó que el presidente Trump sí violó la ley al retenerle al gobierno de Ucrania cientos de millones de dólares de ayuda.   Y dos, las nuevas declaraciones de Lev Parnas, un hombre de negocios de origen soviético al que Rudolph Giuliani, el abogado personal del presidente Trump, comisionó para buscar la renuncia de la embajadora de Estados Unidos en Ucrania.   De acuerdo a este personaje contratado ex profeso por Giuliani para hacer trabajo sucio, la presión sobre la diplomática se habría hecho con el absoluto conocimiento y aprobación del inquilino de la Casa Blanca.   Sometido a juicio y en libertad bajo fianza, Parnas se decidió a revelar los detalles que implican directamente al presidente Trump, en lo que antes se dijo que eran actos de los que nunca estuvo enterado.   Además de estos dos nuevos factores, la decisión final del impeachment recaerá en funcionarios que tendrían que testificar, pero a los que la Casa Blanca les tiene prohibido hablar y los protege.   Uno de esos casos es el de John Bolton, el ex Consejero de Seguridad Nacional, quien tendría mucho que aportar al proceso de impeachment y quien, a pesar de la prohibición de la Casa Blanca para testificar, ya dijo que sí está dispuesto a sentarse en el banquillo si los legisladores lo citan.   Sea como fuere, es sano ver cómo un país democrático tiene los mecanismos necesarios para defenderse del abuso del poder y de las tiranías, aunque su jefe supremo se empeñe en descalificar todo lo que aparezca en su contra.   En México tenemos toda la vida esperando que la eterna  intocabilidad presidencial sea desterrada de la vida nacional.   Desde Luis Echeverría hasta Enrique Peña Nieto, los mexicanos soñamos en vano en el día que uno de esos mandatarios que abusaron de su poder y se enriquecieron a costa del Erario sean sometidos a juicio por un poder legislativo serio, que exhiba esos excesos que nos tienen hoy al borde de un precipicio.   Ojalá que los diputados y senadores mexicanos observen  con detenimiento la próxima semana los detalles del juicio de impeachment al presidente Trump. Para que aprendan la lección.   Por supuesto que allá también se cuecen las habas y sin duda los radicalismos entre republicanos y demócratas impactarán en la decisión final, que se presume un acto de manipulación política más que de justicia real. Pero nada es imposible.   Lo valioso será ver frente a la pantalla desfilar a políticos, diplomáticos y hombres y mujeres de la inteligencia nacional norteamericana, exhibiendo las miserias humanas de quien con su tiranía del Twitter se siente el intocable amo del planeta.